Con ambas cámaras del Congreso bajo su poder, el Gobierno ahora tiene carta blanca para hacer y deshacer. Le esperan horas oscuras a los mexicanos.

Tras el contundente triunfo de este domingo en las elecciones federales de la coalición oficialista, México se aproxima como nunca antes a un sistema plenamente autoritario. Aunque saliente, el presidente Andrés Manuel López Obrador logró una concentración de poder que el inmenso país norteamericano jamás había vivido en su era democrática. El peligro es real.

Claudia Sheinbaum, la elegida por López Obrador para sucederle, se impuso ante la opositora Xóchitl Gálvez con el impresionante porcentaje de 59,7%, frente a un 27,4%. Gálvez fue humillada pese a ir a las elecciones con el amparo de una coalición formada por los partidos tradicionales Partido Acción Nacional (PAN), el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Fue un hecho inédito.

Como escribió mi amigo Juan P. Villasmil en The Spectator, es como si "un Bernie Sanders o un Donald Trump independiente venciera a una coalición formada por los republicanos y los demócratas".

De esa manera, el Gobierno, a partir de su partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), cambió para siempre el panorama político de México. Y así, también, dio inicio a una nueva y oscura época para la potencia latinoamericana.

Sumado al triunfo de Sheinbaum, Morena, junto a sus aliados el PT y el PVEM, podría lograr una mayoría calificada en ambas cámaras del Congreso. La proyección, de acuerdo con el conteo rápido, es que en la Cámara de Diputados la coalición del Gobierno lograría entre 346 y 380 curules. Para la mayoría calificada necesitaría 334.

En cuanto al Senado, el bloque de López Obrador tendría entre 76 y 88 puestos. Necesita, al menos 85 senadores.

De lograr el Congreso, más la Presidencia, el Gobierno tendría prácticamente carta blanca para hacer y deshacer. El futuro es incierto, pero los últimos seis años de López Obrador podrían ofrecernos un vistazo.

Claudia Sheinbaum tras declararse ganadora de las elecciones federales de México, este 3 de junio. (Xinhua/Francisco Cañedo)

"Los seis años de destrucción"

Andrés Manuel López Obrador es un político difícil de calificar. Aunque con una retórica de izquierda y profundas políticas sociales, la gran mancha de su Gobierno fueron los problemas de seguridad.

Bajo el eslogan de "abrazos, no balazos", López Obrador llegó al poder en el 2018 con la promesa de pacificar a un México que padecía el rampante control de territorios por parte de los carteles del narcotráfico. Pero todo empeoró. Bajo su Gobierno se estima que más de 200.000 personas fueron asesinadas, más de 30.000 al año. También, decenas de miles desaparecieron sin dejar rastro.

De acuerdo con estudios, los cárteles controlan una tercera parte de toda México. Han impuesto el terror. En las regiones donde operan, el Estado no existe. Los empresarios, los comerciantes y la seguridad se somete a los señores de la cocaína.

"Los seis años de la presidencia de López Obrador han sido los más violentos de la historia moderna de México. No podemos saber el número exacto de asesinados, porque López Obrador destruyó la independencia de la agencia nacional de estadísticas. Actualmente, las cifras de criminalidad suelen manipularse con fines políticos", se lee en un extenso artículo escrito por David Frum para The Atlantic.

"La mayoría de los asesinatos en México no son el resultado de disputas personales o de violencia callejera casual", continúa Frum, "México está siendo atacado por lo que se ha llamado acertadamente una 'insurgencia criminal'".

De hecho, en marzo del año pasado, durante una audiencia ante el Senado, el secretario de Estado de Estados Unidos, Anthony Blinken, dijo que los carteles del narcotráfico están en control de partes de México luego de expulsar al Gobierno.

Escriben Ian Vásquez y Daniel Raisbeck en un artículo para el Cato Institute que "los cárteles controlan un tercio del país. Además del tráfico de drogas, se dedican a la trata de personas y a la extorsión de pequeñas y grandes empresas en todo México. Para proteger su territorio, las organizaciones criminales han lanzado una oleada de violencia política".

Pero para López Obrador esto no ha sido un problema. La apatía frente al incremento del crimen y el poder de los cárteles, más su condescendencia frente a los criminales, sugiere que el estado de las cosas es parte de la política de Morena. Dice Frum en The Atlantic que "la relación de López Obrador con los cárteles es turbia".

"Una investigación interna de la DEA sugería que los cárteles criminales probablemente habían dirigido donaciones por valor de $2 millones a la primera campaña de López Obrador para la presidencia, en 2006", escribe Frum.

"No se puede negar que López Obrador mantiene estrechas relaciones personales con importantes traficantes. En 2020, visitó un polvoriento pueblo de montaña en Sinaloa para presentar sus respetos a la madre del conocido capo de la droga El Chapo Guzmán".

E, igual de inquietante, ha sido la relación de López Obrador con las instituciones. Desde que llegó al poder, el presidente se planteó reformar al Estado para, según él, curar los vicios de los poderes públicos. Uno de los principales blancos de sus ataques ha sido el independiente Instituto Nacional Electoral, que controla las elecciones en el país, al que ha querido subordinar al Ejecutivo.

Como no ha logrado dominarlo por completo, López Obrador se planteó ahorcarlo: le redujo el presupuesto, el personal y la autoridad.

Otra de las instituciones a las que López Obrador tiene en la mira es la Suprema Corte, a la que pretende alterar. Su propósito es que los jueces sean designados por sus partidarios, en elección popular.

En 2021, México evitó que López Obrador reformara el Estado a su conveniencia cuando el Gobierno perdió su mayoría en el Congreso. Entonces, la independencia del banco central mexicano se mantuvo, así como el de otras instituciones. No obstante, lo que no logró durante su período, podría ocurrir pronto. Y, para cumplir el plan, los mexicanos le votaron a una mujer sin carisma, impopular y maleable, pero que López Obrador eligió como su sucesora. Claudia Sheinbaum llega al Palacio Nacional para seguir a rajatabla el libreto de Morena.

Un partidario de López Obrador sostiene máscaras del presidente y la presidente electa Sheinbaum en el Zócalo de México, este 2 de junio. (Foto por Pedro Pardo / AFP)

López Obrador a través de Sheinbaum

"López Obrador llegó al poder en 2018 con un enorme mandato que ganó en una elección libre y justa. Sheinbaum llega al poder a través de una elección que fue libre, pero no tan justa. Dado que carece del carisma y el atractivo popular de López Obrador, su supervivencia dependerá de si puede inclinar las reglas aún más radicalmente a favor del partido gobernante", se lee en The Atlantic.

El escritor David Frum explica en su artículo que, "de los tres candidatos del partido del Gobierno que se disputaban el apoyo de López Obrador, Sheinbaum era la que tenía menos y más débiles seguidores entre las bases de Morena".

"La elección de Sheinbaum no se debió a que López Obrador buscara a alguien que rompiera esquemas, sino que quería a alguien a quien pudiera controlar tras su obligada salida del poder al final de un mandato de seis años", agrega Frum.

Incluso, López Obrador creó un mecanismo en el que establecía que el gobernante debía ser sometido a un referéndum revocatorio a los tres años de su mandato. Cuando lo convocó, en el 2022, parecía que estaba asumiendo un riesgo, pero tenía todo calculado: recibió un apoyo del 91%, aunque la abstención fue altísima. No obstante, esa cifra le sirvió para legitimarse. Ahora, considerando que el popular es él, le funciona como una herramienta de extorsión a Sheinbaum: si la sucesora de López Obrador lo decepciona, los partidarios se lo cobrarán a los tres años.

Un Estado hecho a la medida

"A México le espera un futuro políticamente más autoritario y mucho más centralizado en la figura presidencial. Un futuro donde cada vez más decisiones se tomen desde los despachos de Palacio Nacional con base en criterios políticos, en lugar de tomarse en instituciones autónomas con base en criterios técnicos", dijo a Voz Media el escritor y analista político Gerardo Garibay.

Para Garibay, quien reside en Ciudad de México, es "inevitable" que un Gobierno de Sheinbaum devenga en "la consolidación del autoritarismo político y la centralización gubernamental".

De consolidarse la mayoría calificada en ambas cámaras del Congreso, dice Garibay que Sheinbaum "podría hacer lo que le dé la gana".

Para el analista, la presidente electa buscaría reformar la Constitución, amén de continuar con el proyecto reformista de López Obrador, lo que le permitiría al Gobierno "un dominio prácticamente absoluto de la vida institucional, un escenario donde realmente el único conflicto relevante va a ser al interior del propio Morena".

"Los partidos de oposición se van a convertir en figuras decorativas", agrega Garibay.

Un elemento que también marcó la Presidencia de López Obrador fue la persecución y el acoso a la prensa libre. En sus populares mañaneras, declaraciones de horas de todos los días del presidente, periodistas eran expuestos y atacados constantemente. De hecho, cuenta David Frum en su artículo para The Atlantic que "periodistas, en particular, viven o mueren en función de si los sindicatos criminales creen que están protegidos por el Estado".

Frum recuerda el caso "de una destacada personalidad de la televisión mexicana que escapó por poco de la muerte cuando su coche fue acribillado a balazos después de que el presidente le denunciara en su rueda de prensa diaria".

Probablemente, coinciden analistas, la presidente electa Sheinbaum mantenga o acentúe las tensiones con la prensa.

Para Alice Galván, abogada y presidente de la influyente fundación mexicana Patria Unida, el Gobierno ahora podrá aprobar todas las reformas constituciones "que le faltaron por aprobar" a López Obrador.

Y, también, la presidente de Patria Unida recuerda un detalle importante: el Congreso toma posesión el primero de septiembre de este año, mientras que la presidente se juramenta el primero de octubre. Es decir, habrá un mes donde López Obrador tendrá a su merced un Congreso completamente subordinado. Carta blanca. Para Galván, lo que viene para México, al menos, es que "el Gobierno buscará que los jueces se elijan a través del voto popular, va a debilitar la autonomía del Tribunal Electoral y va a terminar de destruir el Instituto Nacional Electoral".

"¿Qué otra cosa importante puede reformar? Va a desaparecer todos los órganos constitucionales autónomos que no pudo durante los últimos tres años porque no tenía la mayoría en el Congreso", agrega.

López Obrador durante sus conferencias de prensa de las mañanas, este 29 de abril. (Foto por Luis Barron/ Eyepix Group/Sipa USA)

Un pueblo controlado. Un mesías

¿Por qué un presidente que ha hundido a su país en una violencia sin precedentes es, no obstante, tan popular? Para Alice Galván fueron varios los factores determinantes que explican el impresionante triunfo de la designada por López Obrador en las elecciones federales de este 2 de junio.

"Fue un voto hacia López Obrador. Nosotros siempre dijimos que era imposible que pudiera ganar la oposición por tres factores fundamentales. El primero, porque el Gobierno tiene comprado al país. Hay más de 30 millones de mexicanos que dependen de los programas sociales. El Gobierno les deposita directamente desde 3 mil pesos mexicanos a sus cuentas mensualmente. Lo que el Gobierno tenía que hacer era asegurarse de que los beneficiarios de sus programas sociales votaran", dice Galván.

Como segundo factor, la abogada menciona al crimen organizado como un elemento determinante: "Son aliados. Han pactado. El crimen organizado decidió quiénes podían ser candidatos en muchos estados, en muchos municipios. Mataron muchos candidatos".

De hecho, fueron más de 30 los candidatos asesinados, la mayoría de oposición. Un candidato a alcaldía del estado de Guerrero fue asesinado frente a las cámaras. Otros cientos han enfrentando amenazas o han sido secuestrados.

"Los amenazaron. Les dijeron: o te dejas ganar por Morena o nos metemos con tus hijos. Dependiendo del territorio, se hizo lo que los cárteles y el crimen pidió", cuenta Galván.

Como tercer factor, está que, desde que asumió la Presidencia, López Obrador ha ido ganando terreno político y presencia en el país. De los 32 estados de México, Morena gobierna 23, lo que le permite "control político, territorial, económico y social".

"Es un presidente que en cinco años logró tener el control de más de 80 millones de mexicanos a nivel local. Competir contra eso era muy complicado", dice Galván.

En su texto para The Atlantic, Frum dice que "la victoria electoral que López Obrador otorgó a su sucesor concentra más poder en el partido Morena de López Obrador que el que ningún otro Gobierno mexicano ha ejercido desde los tiempos del régimen de partido único".

Los mexicanos decidieron premiar a un Gobierno desastroso con el poder absoluto. Están las razones que enumera Alice Galván. Gerardo Garibay coincide y agrega que aún hoy los votantes mexicanos mantienen su frustración con la política tradicional. Es precisamente por ello que, pese a ir en coalición, los partidos históricos el PAN, PRI y PRD sufrieron una humillante derrota.

México entra, entonces, a partir de un cóctel letal, compuesto por la frustración de los votantes, la intimidación del crimen organizado y una campaña desigual gracias a los recursos del Estado, en una etapa incierta, donde todos los escenarios garantizan horas oscuras.

"¿Qué nos queda?", se preguntaba el analista político y comediante Brozo en un canal de televisión mexicano esta semana. "Nos queda resistir. Nos queda seguir pensando y seguir sintiendo".

"El camino es el fin de las libertades", dijo Brozo.