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Nicaragua intensifica su asedio a la Iglesia católica

Retienen en su residencia al obispo Rolando Álvarez, uno de los más perseguidos por el régimen de Ortega.

El obispo Rolando Álvarez ha sido asediado de nuevo por las fuerzas represivas de Daniel Ortega. Varias patrullas de policía bloquearon las calles cerca de su residencia en Matagalpa, séptima ciudad más grande de Nicaragua. Monseñor Álvarez denunció en redes sociales que cinco uniformados se plantaron frente a la sede episcopal, donde le retuvieron junto a otros seis sacerdotes cuando se dirigían a ofrecer una misa.

Horas después, Álvarez salió en procesión. Pero lo más llamativo fue que el obispo lo hizo junto a los policías y paramilitares que tienen que bloqueada la zona de la curia episcopal.

Persecución del régimen nicaragüense

El Gobierno de Ortega tilda a los obispos católicos de "terroristas", desde que la Iglesia actuara como mediadora en un diálogo que buscó la salida de la crisis de Nicaragua en el año 2018. En menos de cuatro años, la Iglesia nicaragüense sufrió 190 ataques y profanaciones, entre los que destacan amenazas de muerte y agresiones con bombas molotov, de acuerdo con la investigación de la abogada Martha Molina Montenegro.

Además, a través del Instituto Nicaragüense de Telecomunicaciones y Correos, se ha ordenado el cierre diversos medios de comunicación católicos. La Iglesia denunció que la policía ingresó a la fuerza a una capilla para llevarse los equipos de transmisión de una radioemisora.

La crisis política y social en Nicaragua data de abril del 2018. Daniel Ortega sigue en el poder con sus principales opositores en prisión. Es su quinto mandato y segundo con su esposa, Rosario Murillo, como vicepresidenta.

Libertad religiosa en peligro

El juez del Tribunal Supremo Samuel Alito afirmó en un discurso en Roma que la "la libertad religiosa está siendo atacada porque resulta peligrosa para quienes quieren tener el poder absoluto".

El jurista afirma que a su juicio hay una "una creciente hostilidad hacia la religión". Y dice que "el reto para quienes quieren proteger la libertad religiosa en Estados Unidos, Europa y otros lugares similares es convencer a las personas que no son religiosas de que la libertad religiosa merece una protección especial. Eso no será fácil de hacer".