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Desinformación sobre Wuhan

Más de un millón de estadounidenses han muerto y, sin embargo, el Congreso ha hecho entre poco y nada para determinar los orígenes del virus.

"Mis fuentes", rezaba el correo electrónico que recibí el 24 de enero de 2020, "han recibido información fiable según la cual la situación relacionada con la infección por el virus corona es muy grave, y son cientos las personas que caen en las calles como moscas, tanto en Wuhan como en otras 12 provincias". Continuaba así:

"La información dada por el Gobierno chino no refleja el enorme riesgo asociado al nuevo virus corona. Mis fuentes confirman que el nuevo virus corona se escapó del Laboratorio Nacional de Bioseguridad de Wuhan, [de nivel de seguridad] BSL-4, por medio de un técnico de laboratorio que entró en contacto con este nuevo virus corona. Mis fuentes dicen que las autoridades chinas están ocultando este 'incidente' ocurrido dentro del laboratorio. Así que es extremadamente urgente entender y afrontar la situación como una amenaza letal para la seguridad nacional de los Estados Unidos y el resto del mundo".

El mensaje procedía de una fuente fiable de inteligencia europea, con la que había trabajado después de dejar el Congreso y con la que había compartido información sobre múltiples asuntos. Como sucede con todas las fuentes de inteligencia, su material siempre tenía que ser examinado y confirmado; y, como ocurre en el mundo de la inteligencia, los resultados a veces varían.

Durante los dos años siguientes, la fuente envió cientos de correos electrónicos adicionales sobre la pandemia del covid. Parte de la información iba claramente contracorriente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y los profesionales médicos hegemónicos dejaron muy claro que la única explicación aceptada para el origen de la pandemia era la transmisión natural en algún mercado húmedo o por un murciélago perdido.

Apenas se tuvo en cuenta –de hecho, sólo se desestimó y se ridiculizó– la posibilidad de que el virus hubiera sido manipulado científicamente y liberado –o se hubiera escapado– de un laboratorio.

Todo esto cambió oficialmente en los últimos días, en una serie de sucesos tremendamente sorprendentes. Primero se informó de que el director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, cree que lo más probable es que el covid saliera del laboratorio de Wuhan. La OMS revisó su posición anterior, que daba como más probable el origen natural, para decir que todas las opciones sobre el origen del covid deben estar sobre la mesa. Por su parte, Jeffrey Sachs, responsable de la Comisión Covid-19 de The Lancet, ha declarado que ahora está convencido de que la pandemia comenzó en el laboratorio.

Se trata de rectificaciones espectaculares por parte tanto de la OMS como la Comisión Lancet, que siempre han ridiculizado y minimizado la posibilidad de que el virus se originara y escapara de un laboratorio de Wuhan. Ahora, casi tres años después de que el covid empezara a devastar el mundo tal y como lo conocíamos, se produce este "¡Ups!" colectivo.

El Gobierno chino debe rendir cuentas por el escape del laboratorio de Wuhan, por su labor de encubrimiento, por acaparar suministros médicos vitales, por el daño causado a la economía mundial y, sobre todo, por la muerte de más de 6,3 millones de personas en todo el mundo.

Tanto la OMS como The Lancet han estado desde el principio a la vanguardia de la promoción machacona del origen natural del virus. Como mi fuente indicó en su correspondencia, hubo quienes sospecharon a finales de 2019 y principios de 2020 que el virus había escapado del laboratorio de Wuhan, que era mucho más peligroso de lo que los chinos estaban diciendo al resto del mundo y que Pekín estaba empeñada en ocultarlo.

Los puntos clave expuestos por mi fuente el 24 de enero de 2020 han demostrado ser totalmente exactos. Con las recientes admisiones de Tedros y Sachs y las entidades que comandan, la teoría del origen que prevalece ahora pone el foco en el laboratorio de Wuhan. El virus ha demostrado ser más mortífero de lo que los chinos dejaron entrever, pero hasta el día de hoy el régimen del Partido Comunista Chino no ha cooperado con las organizaciones internacionales para contener la pandemia o determinar su origen exacto.

China ha hecho exactamente lo contrario. En las etapas iniciales limpió el mercado húmedo de Wuhan, se negó a permitir la entrada de investigadores externos, se negó a compartir información con la comunidad internacional y, mientras el virus se esparcía, permitió que la gente huyera de Wuhan en vuelos hacia el extranjero, mientras la propia ciudad china era confinada.

Durante dos años, la OMS, The Lancet y otros han sido marionetas de los comunistas chinos. Es hora de identificarlos a todos y hacerlos responsables de sus graves errores. Sus acciones probablemente han costado la vida de millones de personas, y hasta la fecha han permitido a China eludir su responsabilidad.

Uno pensaría que la OMS y The Lancet se controlarían a la hora de hacer más declaraciones y observaciones sobre el covid, pero no es eso lo que está ocurriendo. Sachs, cuya credibilidad se encuentra en entredicho, ha hecho un nuevo pronunciamiento: que el covid fue creado con ayuda de la biotecnología estadounidense.

Por lo visto, además de encubrirlos desde el comienzo de la pandemia, Sachs también ha decidido eximir de responsabilidad a los comunistas chinos y señalar con el dedo a Estados Unidos.

Puede que Sachs tenga razón, pero no está en condiciones de lanzar más mensajes. El Congreso de Estados Unidos debe investigar a fondo el papel y la cooperación del Gobierno de Estados Unidos con China en la investigación biotecnológica, incluida la coordinación entre los laboratorios estadounidenses y los laboratorios de todo el mundo dedicados a otros tipos de investigación, al parecer aún más peligrosas.

Si, como parece posible, la información y el dinero norteamericano dedicados a investigación pueden haber llegado a lugares a los que nunca deberían haber ido, es hora de que el pueblo americano exija que se actúe. Más de un millón de estadounidenses han muerto y, sin embargo, el Congreso ha hecho entre poco y nada para determinar los orígenes y la responsabilidad de la pandemia.

Aunque el Congreso tiene que examinar qué papel desempeñó el Gobierno en la investigación que condujo al mortífero virus –si es que desempeñó alguno–, el de Estados Unidos es sin duda menor que el del régimen del Partido Comunista Chino. El Gobierno chino debe rendir cuentas por el escape del laboratorio de Wuhan, por su labor de encubrimiento, por acaparar suministros médicos vitales, por el daño causado a la economía mundial y, sobre todo, por la muerte de más de 6,3 millones de personas en todo el mundo.

© Gatestone Institute