No te apagues: el poder creativo que llevas dentro
Hay una frase que atraviesa todo este episodio de Vivas y Plenas como un eco: tu voz tiene valor. No es una consigna bonita para repetir sin más

Episodio 89
Es la invitación con la que Carolina Carvajal, actriz y autora, nos acompaña esta semana para hablar de algo que muchas mujeres cargamos en silencio: el miedo a confiar en lo que sentimos, a ocupar el lugar que nos corresponde, y a dejar que nuestro poder creativo —ese que a veces escondemos, minimizamos o simplemente olvidamos que tenemos— vuelva a salir a la luz.
Porque crear, nos recuerda Carolina, es mucho más que hacer algo nuevo. Es esa capacidad tan nuestra de dar vida: a ideas, a proyectos, a un hogar, a un ambiente que estaba apagado y que, con solo una planta o un cuadro bien puesto, empieza a respirar distinto. "La gente llegó y dijo: uy, aquí llegó una mujer", cuenta entre risas, recordando el día que transformó el escritorio de su esposo sin proponérselo demasiado. Ese es, en el fondo, nuestro poder: transformar un lugar con lo que tenemos en las manos.
Por qué escondemos lo mejor de nosotras
Y sin embargo, cuántas veces guardamos esa parte por miedo a que no sea "suficiente" para el mundo. Nos han enseñado, sin que nadie lo diga en voz alta, qué cosas cuentan como un logro y cuáles no —y entonces empezamos a creer que poner una planta, arreglar un rincón o simplemente escuchar a una amiga no es, en realidad, ningún poder. Carolina lo vivió en carne propia: durante años pensó que su poder creativo era solo la actuación, hasta que descubrió que también estaba en acompañar a otras mujeres, en su intuición, en su capacidad de escuchar. Esa energía femenina —dice— ha estado un poco herida en las últimas décadas, y eso ha distorsionado la forma en que nos vemos a nosotras mismas.
Porque las mujeres somos, de muchas formas, dadoras de vida: no solo cuando traemos hijos al mundo, sino cada vez que llegamos a un espacio apagado y le devolvemos color, cada vez que sostenemos a una amiga que llega "apachurradita" y la ayudamos a levantarse. Es una cualidad hermosa, y también una que el mundo, de un tiempo para acá, ha ido atacando poco a poco.
Ese sexto sentido que no deberíamos silenciar
Una de las conversaciones más entrañables del episodio gira alrededor de la intuición. Esa capacidad de percibir lo que otros no ven, de sentir que algo no cuadra aunque no podamos explicarlo del todo. "A la final, siempre tenemos la razón, así que mejor que nos escuchen desde el principio", bromea una de las presentadoras, pero detrás de la risa hay algo profundamente cierto: esa intuición, esa sabiduría que construimos hablando con nuestras amigas, con nuestras hermanas, antes de tomar una decisión, es un regalo. Es lo que hace que, en una empresa, en un hogar, en cualquier lugar donde estemos, aportemos una mirada que nadie más puede dar.
Y aun así, cuántas veces dudamos de esa voz interior porque tememos que alzarla se confunda con gritar. En el programa lo dicen con una claridad que vale la pena guardar: alzar la voz no es gritar, es hacernos notar sin miedo, es compartir esa opinión que valida y suma. "Mi papá siempre me decía: hija, tu voz tiene valor. Siempre expresa si hay algún desacuerdo, tienes toda la libertad de expresarlo, en respeto, pero tu voz tiene valor", recuerda una de las conductoras. Esas palabras, dice, todavía resuenan en ella cada vez que se enfrenta a un espacio donde la voz de una mujer no siempre es tomada en cuenta.
El silencio que necesitamos para volver a escucharnos
Si hay un llamado que se siente distinto a todo lo demás en este episodio, es este: para recuperar nuestro poder creativo, necesitamos silencio. No el silencio como ausencia, sino como un espacio para volver a nosotras mismas. Carolina lo dice con una imagen que se queda dando vueltas: no hace falta subir a una montaña para reconectar contigo, puedes subir a tu montaña interna, ahí mismo, en tu día a día, y preguntarte cómo te estás desconectando de ti.
Hace cuánto no te detienes frente a una flor. Hace cuánto no escuchas de verdad a los pájaros, o simplemente apagas el radio del carro y te quedas en silencio un rato. Son gestos pequeños, casi invisibles, pero son los que nos permiten volver a sentir el latido de lo que verdaderamente somos, en lugar de vivir prestándole nuestra energía creativa a todo menos a nosotras.
Quedarse en casa no es quedarse con las manos vacías
Una de las partes más conmovedoras de la conversación desarma una culpa que muchas mujeres conocemos bien: la sensación de que dedicarnos al hogar, a criar, a sostener una casa, es de alguna manera renunciar a nosotras mismas. Carolina lo cuenta desde su propia historia, cuando dejó su carrera un tiempo para acompañar a un hijo que estaba enfermo, y cómo su propia hija, ya grande, la empuja hoy a no abandonar del todo lo que estudió, lo que ama, su vocación.
Y ahí aparece una idea que vale la pena quedarnos mirando un rato: construir un hogar es, también, construir una empresa. No una que el mundo reconozca con ese nombre, pero sí una de las más importantes que existen —la de sostener la autoestima y la identidad de nuestros hijos, un fruto que muchas veces no vemos de inmediato, pero que llega. Quedarnos en casa en una temporada no es quedarnos con las manos vacías: es sumar, acompañar, sembrar algo que va a dar frutos más adelante. Descansar, en ese sentido, tampoco es dejar de avanzar. Es parte del mismo camino.
No todas somos creativas para lo mismo, y está bien
Con la ternura y el humor que solo da hablar desde la propia experiencia, Carolina también nos recuerda algo liberador: no todas tenemos que ser buenas en todo. Ella misma cuenta, entre risas, cómo terminó cosiendo un pantalón a su propia ropa en una clase de costura, o cómo tejió una cobija torcida mientras atravesaba un diagnóstico de cáncer —y aun así la guardó, porque fue su manera de procesar ese momento. "Hay áreas donde uno no es creativo", dice, y no pasa nada. Lo hermoso es que podemos apoyarnos en la creatividad de otra: pedir ayuda, preguntar, aprender de quien sí sabe, sin que eso nos reste nada.
En el programa lo viven en carne propia: unas ordenan, otras guían, otras alegran. Cada una brilla distinto, y esa diferencia, lejos de ser un problema, es lo que hace que el conjunto funcione. Tu lugar para brillar no lo determina tu entorno. Lo determina lo que llevas dentro.
Tus talentos tienen un propósito
El episodio cierra con una reflexión que bien podría ser el resumen de todo: nuestros talentos son un regalo, algo que no elegimos ni nos ganamos, sino que recibimos. Y la sabiduría con la que los desarrollamos —lo que construimos con ellos, lo que les sumamos en conocimiento y experiencia— es, muchas veces, donde encontramos nuestro propósito. No hace falta tener todo resuelto ni ser creativa para todo. Hace falta, nada más, dejar de menospreciar lo que ya llevas dentro.
Así que si esta semana sientes que se te apagó un poco la chispa, tómalo como una invitación: detente, haz silencio, y vuelve a escuchar esa voz interior que sabe exactamente para qué fuiste hecha. Tu voz tiene valor. Tu creatividad tiene poder. Y el lugar donde te toca brillar, hoy, sigue siendo tuyo.
¿Quieres escuchar la conversación completa?
Mira el episodio 89, "No te apagues", con Carolina Carvajal, por aqui
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