Episodio 85
Estar al pendiente: por qué el cuidado que damos también necesita ser recíproco
Las Vivas y Plenas conversan entre ellas sobre cómo sostener vínculos intencionales, reconocer cuándo una amistad deja de ser de ida y vuelta, y poner límites sin dejar de amar.

Vivas y Plenas
En este episodio de Vivas y Plenas, Flor Elena Robledo y el panel conversan sobre una pregunta que decimos varias veces al día casi sin pensarla: “¿cómo estás?”. Vivimos más conectadas que nunca por la tecnología y, al mismo tiempo, más desconectadas emocionalmente. Esa pregunta puede ser una fórmula de cortesía que no espera respuesta, o la puerta de entrada a una conversación que sostiene a alguien en un momento difícil. La diferencia está en si nos quedamos a escuchar.
Pero la conversación toma un giro incómodo a mitad de camino, porque estar al pendiente es hermoso hasta que se vuelve una sola dirección: la de siempre dar. En esta conversación exploramos cómo cultivar vínculos intencionales, cómo identificar que una amistad dejó de ser recíproca y cómo hacer desapegos sin dejar de querer.
La pregunta que casi nadie se queda a escuchar
Ivethe abre el episodio con un recuerdo propio. Hace unos años llegó a Miami atravesando una situación difícil y alguien le preguntó cómo estaba. Ella contestó con la verdad —“estoy muy mal”— y la otra persona se quedó sin saber qué responder. No estaba preparada para una respuesta honesta.
El panel coincide en que el “¿cómo estás?” se convirtió en una fórmula: se pregunta al pasar, sin tiempo real para escuchar, y por eso casi todas contestamos “bien” en automático. Pero también advierten algo importante: no hay que abrirse con todo el mundo. La clave está en tener un grupo pequeño de personas confiables con las que sí se pueda decir la verdad, porque una de las necesidades más profundas del ser humano es sentirse escuchada y valorada.
La frase “Si necesitas algo, me llamas” no alcanza.
Hay una frase que suena generosa y en la práctica no funciona: “cualquier cosa, me llamas”. Las Vivas lo dicen sin rodeos: cuando alguien nos dice eso, no llamamos. Nadie levanta el teléfono para pedir que le lleven una sopa. Estar al pendiente no es quedar disponible, es tomar la iniciativa.
El panel identifica además un patrón incómodo: solemos esperar la tragedia para acercarnos. Nos enteramos de que alguien está en el hospital y llamamos. Pero mucha gente no atraviesa una enfermedad visible, sino soledad, y esa no manda avisos. La pregunta que queda flotando es honesta: ¿estoy pendiente de verdad, o estoy cumpliendo con un compromiso porque la situación es grave?
La intencionalidad se demuestra en gestos pequeños
Una de las Vivas cuenta el ejemplo que tiene más cerca: su mamá, de 83 años, se acuerda de los cumpleaños de casi todo el mundo y llama ese mismo día. Cuando llega el suyo, recibe una cantidad enorme de mensajes, y no es casualidad: sembró eso durante años. Hay quienes le dicen: “qué bueno que te acordaste de mí, porque no había recibido ni una sola llamada hoy”.
De ahí salen ideas que no cuestan nada: una notita por correo cuando una se acuerda de alguien, un mensaje de texto para que no se pase el día. Y una recomendación muy práctica: cuando no hay tiempo de llamar, mandar un audio en lugar de un texto, porque en un mensaje escrito no se lee la intención detrás de las palabras. Un “estoy corriendo, pero feliz cumpleaños” dicho con la propia voz se siente distinto a felicitar por Facebook o Instagram, que el panel describe como lo más impersonal que hay.
La conexión empieza por una, pero tiene que ser recíproca
Aquí la conversación cambia de tono. Si quiero ser amiga de alguien, la iniciativa me toca a mí: llamar, buscar, preocuparme. ¿Pero qué pasa cuando eso nunca vuelve? Una de las Vivas cuenta que tenía una amiga a la que llamaba y llamaba sin recibir jamás algo de regreso, hasta que decidió dejar de forzar una relación que la otra persona no quería desarrollar.
El panel no lo lee como resentimiento sino como autoestima saludable. Es triste y es duro, pero también es sabio: proteger el propio corazón es parte de querer bien. Seamos intencionales en buscar a los demás, dicen, pero aprendamos también a leer los ambientes. El cariño que se envía tendría que volver.
Cuando la amistad se convierte en un desagüe emocional
El panel describe una dinámica que muchas van a reconocer: personas que solo aparecen cuando tienen un problema, que te buscan para que las escuches o les resuelvas, y que cuando todo está bien no se acuerdan de ti. Te usan como “bote de basura emocional”, y funciona justamente porque eres confiable. Después, cuando la que necesita apoyo eres tú, del otro lado hay silencio, mensajes sin responder o un visto que no vuelve.
Lo que casi nunca se dice en voz alta es el costo real: escuchar no es gratis. “Cuando tú me estás contando tus cosas y tus problemas, mi corazón se carga”, dice una de ellas, porque hay una conexión verdadera y una se preocupa de verdad. De ahí la necesidad de un balance y de saber a quién darle el tiempo. La conclusión que ordena todo el episodio es una sola: la amistad tiene que ser recíproca.
El acompañamiento que se diluye (y el que se queda)
El cierre más fuerte del episodio lo trae Iveth. Hay estadísticas, cuenta, que muestran que cuando una persona atraviesa una crisis —un diagnóstico, una muerte— las primeras semanas está rodeada de gente: mensajes, llamadas, preocupación de todos. Pero con el tiempo eso se diluye, hasta que quedan una o dos personas. A veces, ninguna.
Y comparte una historia que lo dice todo. Una clienta suya perdió trágicamente a su esposo, ambos en sus cuarenta. Otra viuda le dio un consejo tan honesto como devastador: “disfruta el momento de ahora, que tienes la atención de todos, porque después de un mes nadie se va a acordar de ti”.
Ahí está, quizás, la verdadera medida de estar al pendiente. Todas aparecemos la primera semana. Lo difícil, y lo valioso, es acordarse al mes, a los seis meses, cuando el resto del mundo ya volvió a su vida cotidiana y esa persona sigue atravesando lo suyo en silencio. Flor Elena cierra con la frase que sostiene a este grupo dentro y fuera de cámara: juntas somos más fuertes.
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