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Vivas y Plenas Episodio 80

Cómo Ser una Mujer de Influencia sin Buscar Protagonismo

Conversamos con Carolina Donis sobre el verdadero poder de la influencia, la diferencia entre servir y buscar una posición, y el legado que queremos dejar en quienes nos rodean.

Episodio 80

Episodio 80Vivas y Plenas

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En este episodio de Vivas y Plenas, Flor Elena Robledo conversa con Carolina Donis sobre un tema que atraviesa cada área de nuestra vida: el poder de la influencia. Muchas veces pensamos que influir está reservado para líderes, celebridades o personas con grandes plataformas, pero la realidad es que todas influimos a diario con nuestras palabras, actitudes y ejemplo.

Para Carolina, entender el verdadero peso de esa influencia, y la responsabilidad que conlleva, es el primer paso para vivirla de manera auténtica, positiva y transformadora.

Todos tenemos un grado de influencia, lo sepamos o no

Carolina explica que mucha gente, sobre todo los más jóvenes, dice "yo no quiero ser líder", sin darse cuenta de que ya lo son. Si hay personas que te siguen porque eres un ejemplo para quienes te rodean, ya tienes un grado de influencia. La pregunta entonces no es si influyes, sino qué vas a hacer con esa influencia que te fue dada, empezando por el propio hogar, donde los hijos observan y aprenden de nosotras cada día.

Influencers de redes vs. influencia real

Carolina hace una distinción importante: no toda persona con seguidores en redes sociales ejerce una influencia real. Hay quienes compran seguidores o construyen una fantasía que muchos jóvenes terminan creyendo real. La verdadera influencia, dice, se ejerce con quienes tenemos cerca, en la proximidad del día a día, no en un número de seguidores.

"A veces la gente le tiene más fe a ChatGPT o a Copilot que a ejercer una fe real", señaló Carolina, refiriéndose a cómo mucho contenido en redes carece de alma y de conexión genuina, algo que se siente, aunque sea difícil de explicar.

La influencia no es manipulación

Para Carolina, la influencia es "la capacidad que tienes de impactar la vida de otra persona", y es completamente distinta a la manipulación, que busca un beneficio propio. La influencia genuina se modela con el ejemplo: "¿cómo aprendí yo a ser líder? Viendo", explicó, reconociendo que aunque leyó libros sobre liderazgo, aprendió sobre todo observando a otros vivirlo primero.

La diferencia entre influencia y posición

Uno de los puntos centrales de la conversación fue distinguir influencia de posición. Según Carolina, el nivel más básico de liderazgo es cuando a alguien se le da un título, pero eso no lo convierte automáticamente en líder. "¿Será que esa gente te seguiría si tú no tuvieras ese título?", planteó, recordando a un antiguo jefe suyo del que decía: "no me pagara, yo lo sigo al fin del mundo", por ser un hombre íntegro.

Carolina compartió también la historia de una empleada que, al recibir un ascenso en la empresa familiar, no estaba preparada para esa influencia y terminó haciendo que otras compañeras le arreglaran las uñas en horario de trabajo. "Cuando le das una posición a alguien que no está lista, se le conoce el corazón", reflexionó.

El ego frente a la identidad

Carolina distingue entre el ego ("la imagen que yo quisiera que la gente creyera que soy") y la identidad real, aquello para lo que Dios nos hizo. Cuando una persona actúa desde el ego, busca poder; cuando actúa desde su identidad, busca servir. "Un líder que quiere usar su influencia para servir no está buscando eso por poder", explicó, señalando que muchos jefes que solo gritan y exigen silencio en sus equipos actúan, en realidad, desde una profunda inseguridad.

Ser sal y luz: la sal tiene que salir del salero

Una de las reflexiones más fuertes de Carolina fue sobre lo que realmente significa ser sal y luz. "Uno no es sal dentro del salero", dijo, refiriéndose a la tendencia de quedarnos solo con quienes piensan igual que nosotras, en nuestra zona de comodidad. "La sal, para que sale, tiene que salir del salero": si nos quedamos adentro, no estamos ayudando a nadie. A veces esa influencia hacia afuera es simplemente acompañar a alguien, sin necesidad de tener todas las respuestas.

¿Quién te está influenciando a ti?

Carolina invita también a reflexionar sobre quién nos influencia a nosotras. Para ella, lo importante es rodearse de personas íntegras, cuyo "sí sea sí y su no sea no", congruentes en cualquier lugar donde se les encuentre. Contó que una de las mayores influencias de su vida fue su abuela, quien solo llegó a sexto grado, pero cuyas enseñanzas todavía la acompañan décadas después: la verdadera influencia no depende de títulos ni diplomas, sino del carácter que despierta admiración genuina en otra persona.

Ser un río, no una reserva

Carolina recordó un momento clave de su propia historia: tras la muerte de su madre, su mentor la llamó y le dijo que así como daremos cuentas de nuestros recursos económicos, también daremos cuentas de qué hicimos con la influencia que Dios nos dio, porque hay gente que solo a nosotras nos va a escuchar. Ese llamado la movió a no guardarse lo aprendido para sí misma. "Uno no tiene que ser el estanque donde el conocimiento se queda, sino un río donde tiene que fluir", explicó. "Por gracia recibimos, y por gracia damos."

Liderazgo inseguro frente a liderazgo que sirve

Carolina fue clara al señalar que muchos líderes actúan desde el miedo a que otros brillen más que ellos, por inseguridad y una mentalidad de escasez. En cambio, un liderazgo sano cultiva a otros aunque terminen superándolo: "si brillan más que yo, ¿sabes qué? Qué bueno, porque entre todas la luz brilla más fuerte." Contó con orgullo que varias organizaciones que fundó siguen funcionando y creciendo sin ella, con líderes que ella misma formó, prueba de que un buen liderazgo no busca hacerse indispensable, sino formar más líderes.

La congruencia: la base de toda influencia real

Para Carolina, ser congruente (que lo que decimos coincida con lo que hacemos) es el punto de partida para ejercer una influencia positiva. Compartió el caso de un decano de universidad que se dio cuenta de que era muy confiable en su trabajo, pero les fallaba constantemente a sus propios hijos. La solución no fue prometer más, sino ser más selectivo con los compromisos que sí podía cumplir. "Esa conciencia empieza desde cuando yo ofrezco: estar segura de que estoy ofreciendo cosas que de verdad puedo cumplir", explicó.

Esa reputación de integridad, señaló, termina abriendo puertas de forma natural, sin necesidad de insistir o perseguir a nadie para que confíe en una.

No confundas el don con quién eres

Carolina compartió una lección que aprendió de un mentor de John Maxwell: no hay que confundir el don (hablar, escribir, comunicar) con la propia identidad. El don es algo que Dios nos da para los demás, no para nosotras mismas. "Nosotros somos el tubo por donde pasa la bendición", explicó, "y ay del tubo si se cree que es el agua." Esa imagen, dijo, la ayuda a mantenerse con los pies en la tierra.

El mejor legado: inspirar, no impresionar

Hacia el cierre de la conversación, Carolina reflexionó sobre el verdadero significado de inspirar: la palabra, literalmente, significa "respirar el aire del otro". Más que riquezas o fama, lo que más le importa es que Dios la encuentre inspirando a otros con su ejemplo, sin buscar protagonismo.

"El día que no estemos, alguien se acordará: 'es que Caro decía esto, es que yo vi a Caro hacer eso'", compartió. "Ese es el mejor legado, no solo para tus hijos o tus nietos, sino para las comunidades donde vivimos, para la gente que queremos que el día de mañana sean los líderes." Para Carolina, el principio es simple: "tú multiplicas lo que tú eres", y por eso vale la pena invertir en capacitarse y dar lo mejor de una misma, un poco a la vez, una persona a la vez.

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Mira el episodio completo con Carolina Donis en nuestro canal de YouTube.

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