Tecnología y salud emocional: lo que toda familia necesita saber
Conversamos con la especialista Cindy Montoya sobre el impacto de la tecnología, las redessociales y las pantallas en la salud emocional de niños y adolescentes.

VIVAS Y PLENAS EPISODIO 78
En este episodio de Vivas y Plenas, Flor Elena Robledo conversa con Cindy Montoya,
especialista en salud menta l y bienestar emocional, sobre uno de los temas que más preocupa
a las familias hoy: el impacto de la tecnología, las redes sociales y las pantallas en la salud
emocional de niños y adolescentes
Vivimos en una época en la que nuestros hijos están más conectados que nunca digitalmente,
pero muchas veces más desconectados de sí mismos, de su familia y de las relaciones reales.
Por eso, aprender a navegar este mundo con sabiduría, equilibrio y herramientas prácticas se
volvió indispensable para cualquier padre o madre.
El verdadero problema no es la tecnología, es la desconexión
Para Cindy Montoya, la tecnología llegó para quedarse: hace la vida más fácil y más rápida, y
no tiene sentido intentar taparla “como el sol con un dedito”. El problema aparece cuando el
uso de pantallas empieza a reemplazar necesidades humanas básicas: conocernos,
conectarnos, educarnos y compartir en persona.
Para dimensionar el problema, Cindy propone un ejercicio simple: si un adolescente pasa 4 o 5
horas diarias frente a una pantalla o un videojuego, eso se traduce en cerca de 100 horas al
mes y unos 60 días al año — casi 2 de los 12 meses del año, dedicados solo a una pantalla.
¿Por qué no funciona prohibir?
Según Cindy, muchos padres sienten culpa por “delegar” el tiempo de sus hijos a una tableta o
un celular, especialmente cuando las jornadas laborales son largas — algo muy común en las
familias hispanas, donde no es raro tener dos o tres trabajos. Pero la solución no es prohibir ni
retirar la tecnología del hogar: es involucrarse genuinamente en ella.
Cindy compartió una experiencia personal: cuando su hijo la invitó a jugar un videojuego de
básquetbol, ella no sabía manejar los controles y el juego terminó tomando mucho más tiempo
del planeado. Aun así, al final su hijo le agradeció por haber jugado con él. “No se trata de
aislarlos de la tecnología, sino de unirte a lo que ellos ya están haciendo”, explicó.
El riesgo de la desensibilización
Uno de los puntos que más resalta Cindy es la importancia de identificar qué tipo de contenido
consumen los niños. La exposición constante a videojuegos violentos puede generar una
desensibilización al dolor ajeno, disminuyendo la capacidad de empatía. Según cita la
especialista, estudios sobre distintos ataques en escuelas de Estados Unidos han encontrado,
entre los perfiles investigados, un consumo prolongado de este tipo de contenido — aunque
aclara que jugar un videojuego violento no convierte automáticamente a alguien en una
persona violenta.
Cuando el aislamiento es más peligroso que la pantalla
Cindy también señaló que, aunque un niño esté jugando solo en su habitación, generalmente
no está realmente solo: está conectado con otras personas en línea, muchas veces
desconocidas para la familia. Compartió el caso de una pareja de adolescentes gamers con
quienes trabajó, que solían conectarse de madrugada con otros jugadores. En esas horas,
algunos chicos compartían con extraños en línea situaciones muy personales —desde el
divorcio de sus padres hasta pensamientos suicidas— mientras sus propios padres dormían sin
saberlo.
El mundo digital se siente real
Para los adolescentes, la vida que construyen a través de un avatar puede sentirse tan real
como su vida física: tienen una identidad, socializan, y en algunos casos hasta gastan o ganan
dinero dentro de esos mundos virtuales. Cindy compartió el caso de una adolescente que
decidió vender su cuerpo para conseguir dinero y participar en un evento dentro de un mundo
virtual. Cuando la situación se conoció en su colegio, la joven fue juzgada por sus compañeros
por lo ocurrido en el ámbito digital — la presión resultó demasiado grande y terminó quitándose
la vida.
Si este tema te toca de cerca a ti o a tu familia, no estás solo. Hablarlo abiertamente, buscar apoyo
profesional y mantener líneas de comunicación abiertas con los hijos puede marcar la diferencia.
El riesgo de los depredadores en línea
Otro punto de alerta que compartió Cindy es la manera en que ciertos adultos se hacen pasar
por niños o adolescentes en plataformas de juego para ganar la confianza de menores. A
través de esa relación de “amistad”, terminan conociendo rutinas, horarios y momentos en que
el menor está solo en casa — información que en algunos casos ha derivado en que ese
“amigo” se presente físicamente en el hogar del menor.
¿Cuándo se convierte en adicción?
Cindy define como “gamer” a cualquier persona que juega entre 2 y 3 horas al día. Cuando ese
tiempo se descontrola y empieza a interferir con el descanso, los estudios, el trabajo o las
relaciones familiares, deja de ser un pasatiempo y se convierte en una adicción, comparable a
cualquier otra dependencia.
Un ejemplo cercano: el propio hijo de Cindy, después de un par de meses con una consola
nueva, le confesó que el juego le generaba una ansiedad que no podía controlar. En lugar de
simplemente quitarle la consola, la familia decidió devolverla juntos a la tienda y convertir la
experiencia en un momento de aprendizaje compartido.
Herramientas prácticas para las familias
Entre los consejos que compartió Cindy en el episodio:
• Crear un “inventario de horas” familiar, donde se equilibre el tiempo de pantalla con
tiempo social y familiar real.
• Sacar los celulares y tabletas de las habitaciones durante la noche.
• Tener un solo televisor compartido en un espacio común, en lugar de pantallas
individuales en cada cuarto.
• Usar controles parentales en todos los dispositivos.
• Elegir contenido y aplicaciones con valores positivos como alternativa a los juegos
violentos.
• Priorizar tiempo de calidad por sobre la cantidad: deporte, actividades familiares,
comunidad y fe.
El verdadero antídoto: la conexión humana
Para Cindy, el antídoto contra el aislamiento no es la prohibición, sino la conexión humana
genuina. Los niños y adolescentes que participan en deportes, actividades comunitarias o
espacios de fe suelen estar más protegidos frente al aislamiento digital. Como resumió en el
episodio: “Quien llega primero a esos corazones y a esas cabecitas, domina nuestra cultura.”
Por eso, ser padres intencionales —presentes, informados y genuinamente conectados— es la
mejor herramienta frente a los riesgos del mundo digital.
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Mirá el episodio completo con Cindy Montoya en nuestro canal de YouTube.
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