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Tecnología y salud emocional: lo que toda familia necesita saber

Conversamos con la especialista Cindy Montoya sobre el impacto de la tecnología, las redessociales y las pantallas en la salud emocional de niños y adolescentes.

VIVAS Y PLENAS EPISODIO 78

VIVAS Y PLENAS EPISODIO 78

Publicado por

Barbara Jazmín Migliore
Community Management

En este episodio de Vivas y Plenas, Flor Elena Robledo conversa con Cindy Montoya,

especialista en salud menta l y bienestar emocional, sobre uno de los temas que más preocupa

a las familias hoy: el impacto de la tecnología, las redes sociales y las pantallas en la salud

emocional de niños y adolescentes

Vivimos en una época en la que nuestros hijos están más conectados que nunca digitalmente,

pero muchas veces más desconectados de sí mismos, de su familia y de las relaciones reales.

Por eso, aprender a navegar este mundo con sabiduría, equilibrio y herramientas prácticas se

volvió indispensable para cualquier padre o madre.

El verdadero problema no es la tecnología, es la desconexión

Para Cindy Montoya, la tecnología llegó para quedarse: hace la vida más fácil y más rápida, y

no tiene sentido intentar taparla “como el sol con un dedito”. El problema aparece cuando el

uso de pantallas empieza a reemplazar necesidades humanas básicas: conocernos,

conectarnos, educarnos y compartir en persona.

Para dimensionar el problema, Cindy propone un ejercicio simple: si un adolescente pasa 4 o 5

horas diarias frente a una pantalla o un videojuego, eso se traduce en cerca de 100 horas al

mes y unos 60 días al año — casi 2 de los 12 meses del año, dedicados solo a una pantalla.

¿Por qué no funciona prohibir?

Según Cindy, muchos padres sienten culpa por “delegar” el tiempo de sus hijos a una tableta o

un celular, especialmente cuando las jornadas laborales son largas — algo muy común en las

familias hispanas, donde no es raro tener dos o tres trabajos. Pero la solución no es prohibir ni

retirar la tecnología del hogar: es involucrarse genuinamente en ella.

Cindy compartió una experiencia personal: cuando su hijo la invitó a jugar un videojuego de

básquetbol, ella no sabía manejar los controles y el juego terminó tomando mucho más tiempo

del planeado. Aun así, al final su hijo le agradeció por haber jugado con él. “No se trata de

aislarlos de la tecnología, sino de unirte a lo que ellos ya están haciendo”, explicó.

El riesgo de la desensibilización

Uno de los puntos que más resalta Cindy es la importancia de identificar qué tipo de contenido

consumen los niños. La exposición constante a videojuegos violentos puede generar una

desensibilización al dolor ajeno, disminuyendo la capacidad de empatía. Según cita la

especialista, estudios sobre distintos ataques en escuelas de Estados Unidos han encontrado,

entre los perfiles investigados, un consumo prolongado de este tipo de contenido — aunque

aclara que jugar un videojuego violento no convierte automáticamente a alguien en una

persona violenta.

Cuando el aislamiento es más peligroso que la pantalla

Cindy también señaló que, aunque un niño esté jugando solo en su habitación, generalmente

no está realmente solo: está conectado con otras personas en línea, muchas veces

desconocidas para la familia. Compartió el caso de una pareja de adolescentes gamers con

quienes trabajó, que solían conectarse de madrugada con otros jugadores. En esas horas,

algunos chicos compartían con extraños en línea situaciones muy personales —desde el

divorcio de sus padres hasta pensamientos suicidas— mientras sus propios padres dormían sin

saberlo.

El mundo digital se siente real

Para los adolescentes, la vida que construyen a través de un avatar puede sentirse tan real

como su vida física: tienen una identidad, socializan, y en algunos casos hasta gastan o ganan

dinero dentro de esos mundos virtuales. Cindy compartió el caso de una adolescente que

decidió vender su cuerpo para conseguir dinero y participar en un evento dentro de un mundo

virtual. Cuando la situación se conoció en su colegio, la joven fue juzgada por sus compañeros

por lo ocurrido en el ámbito digital — la presión resultó demasiado grande y terminó quitándose

la vida.

Si este tema te toca de cerca a ti o a tu familia, no estás solo. Hablarlo abiertamente, buscar apoyo

profesional y mantener líneas de comunicación abiertas con los hijos puede marcar la diferencia.

El riesgo de los depredadores en línea

Otro punto de alerta que compartió Cindy es la manera en que ciertos adultos se hacen pasar

por niños o adolescentes en plataformas de juego para ganar la confianza de menores. A

través de esa relación de “amistad”, terminan conociendo rutinas, horarios y momentos en que

el menor está solo en casa — información que en algunos casos ha derivado en que ese

“amigo” se presente físicamente en el hogar del menor.

¿Cuándo se convierte en adicción?

Cindy define como “gamer” a cualquier persona que juega entre 2 y 3 horas al día. Cuando ese

tiempo se descontrola y empieza a interferir con el descanso, los estudios, el trabajo o las

relaciones familiares, deja de ser un pasatiempo y se convierte en una adicción, comparable a

cualquier otra dependencia.

Un ejemplo cercano: el propio hijo de Cindy, después de un par de meses con una consola

nueva, le confesó que el juego le generaba una ansiedad que no podía controlar. En lugar de

simplemente quitarle la consola, la familia decidió devolverla juntos a la tienda y convertir la

experiencia en un momento de aprendizaje compartido.

Herramientas prácticas para las familias

Entre los consejos que compartió Cindy en el episodio:

• Crear un “inventario de horas” familiar, donde se equilibre el tiempo de pantalla con

tiempo social y familiar real.

• Sacar los celulares y tabletas de las habitaciones durante la noche.

• Tener un solo televisor compartido en un espacio común, en lugar de pantallas

individuales en cada cuarto.

• Usar controles parentales en todos los dispositivos.

• Elegir contenido y aplicaciones con valores positivos como alternativa a los juegos

violentos.

• Priorizar tiempo de calidad por sobre la cantidad: deporte, actividades familiares,

comunidad y fe.

El verdadero antídoto: la conexión humana

Para Cindy, el antídoto contra el aislamiento no es la prohibición, sino la conexión humana

genuina. Los niños y adolescentes que participan en deportes, actividades comunitarias o

espacios de fe suelen estar más protegidos frente al aislamiento digital. Como resumió en el

episodio: “Quien llega primero a esos corazones y a esas cabecitas, domina nuestra cultura.”

Por eso, ser padres intencionales —presentes, informados y genuinamente conectados— es la

mejor herramienta frente a los riesgos del mundo digital.

¿Quieres escuchar la conversación completa?

Mirá el episodio completo con Cindy Montoya en nuestro canal de YouTube.

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