Francia vuelve a arder: el black bloc secuestra una huelga nacional y convierte Lyon en un campo de batalla
El hexágono vivió este jueves otra jornada de huelga marcada por la violencia de grupos radicales. En Lyon el black bloc enfrentó a la policía, en Toulouse incendiaron un instituto con morteros y en varias ciudades hubo ataques a los agentes.

Manifestantes sostienen bengalas encendidas
Francia vivió este jueves una nueva jornada de huelga nacional y movilizaciones que dejó escenas de violencia urbana en varias ciudades, con Lyon como epicentro de los enfrentamientos entre la policía y grupos de encapuchados identificados como black bloc.
Según el Ministerio del Interior, a mediodía se contabilizaban 270.000 manifestantes en 180 cortejos fuera de París. Más tarde, una estimación provisional del mismo ministerio elevó la cifra total a cerca de 600.000 participantes en todo el país, convirtiéndola en la jornada más masiva del movimiento social de este otoño.
El Ministerio del Interior reconoció "tensiones" en Lyon e "incidentes" en Nantes, mientras un instituto cercano a Toulouse era incendiado con morteros de fuegos artificiales, en un episodio que el ministro de Educación calificó de "absolutamente escandaloso".
Lyon: el black bloc toma la calle
El episodio más tenso del día se registró en Lyon, donde varios cientos de personas vestidas de negro y con el rostro cubierto se constituyeron en black bloc y protagonizaron enfrentamientos con las fuerzas del orden. Según la policía, unos 500 encapuchados lanzaron proyectiles y dispararon fuegos artificiales cerca del puente Gallieni, lo que obligó a las unidades antidisturbios a responder con gases lacrimógenos y cargas.
La prefectura contabilizó unos 30.500 manifestantes en la ciudad, mientras que el sindicato CGT elevó la cifra a 55.000. Las autoridades locales habían prohibido las manifestaciones en buena parte del centro de Lyon por temor a nuevos actos de vandalismo y saqueos, una restricción que los sindicatos recurrieron sin éxito. Los disturbios paralizaron por completo el metro y los funiculares de la ciudad.
Incendio en un instituto y ataques a la policía
En Toulouse, un instituto de la periferia fue incendiado por la mañana tras el lanzamiento de morteros de fuegos artificiales, obligando a evacuar a alumnos y personal mientras los bomberos sofocaban las llamas. El ministro de Educación, Edouard Geffray, calificó el hecho de "absolutamente escandaloso" en un mensaje en X, denunciando una "conducta criminal".
En Pau, un grupo atacó a agentes con morteros de artificio apuntando directamente a sus rostros, mientras que en Nantes también se registraron enfrentamientos con la policía. En La Courneuve, un adolescente resultó apuñalado en un episodio que algunos reportes vinculan a una agresión con cuchillo frente a un instituto. En París y otras ciudades, los enfrentamientos fueron menores y las degradaciones más controladas.
El Ministerio reconoce las tensiones
El Ministerio del Interior, a través del entorno del ministro Laurent Nuñez, reconoció a mediodía que los cortejos se desarrollaban "globalmente bien", pero admitió explícitamente "tensiones en Lyon, donde varios cientos de individuos se constituyeron en black bloc".
Nuñez había anticipado una "respuesta extremadamente firme" por parte de los 70.000 policías desplegados en todo el país para evitar una repetición de los disturbios del 17 de octubre, que se saldaron con 2.400 detenidos.
La jornada forma parte de la cuarta huelga nacional del otoño, convocada por los sindicatos para reclamar mejores salarios y servicios públicos, y apoyada por grupos estudiantiles. Aunque la mayoría de las movilizaciones transcurrió sin incidentes, la violencia de una minoría radicalizada sigue marcando la agenda y poniendo a prueba la capacidad del Gobierno de Macron para restaurar el orden público.
Un patrón que se repite
Mientras el Gobierno insiste en que cualquier abuso policial será investigado, la pregunta que se plantea la sociedad francesa es hasta cuándo permitirá que una minoría violenta secuestre el relato de unas movilizaciones que, en su origen, buscan reivindicaciones económicas y sociales. La respuesta del Ejecutivo, con 70.000 efectivos desplegados y una promesa de firmeza, sugiere que la batalla por el control de las calles está lejos de terminar.
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