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La Casa Blanca reivindica la perseverancia de Cristóbal Colón: siete años de rechazos y la decisión de no dar la vuelta hasta encontrar el Nuevo Mundo

La iniciativa, con motivo del Día de Colón, forma parte del esfuerzo del presidente Donald Trump por recuperar una figura histórica que la izquierda cultural ha intentado relegar al olvido durante años.

Una estatua de Cristóbal Colón antes de su traslado definitivo a la Casa Blanca

Una estatua de Cristóbal Colón antes de su traslado definitivo a la Casa BlancaAFP.

Carlos Dominguez
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La Casa Blanca ha publicado un extenso homenaje a Cristóbal Colón con motivo del Día de Colón, en el que presenta al navegante genovés como el hombre que abrió el camino hacia el Nuevo Mundo y estableció el primer contacto permanente entre Europa y América. 

La iniciativa forma parte del esfuerzo del presidente Donald Trump por recuperar una figura histórica que la izquierda cultural ha intentado relegar al olvido durante años.

Un marino formado en el Mediterráneo

Según el relato oficial, Cristóbal Colón nació en 1451 en la República de Génova, una de las principales potencias marítimas del Mediterráneo e hijo del tejedor de lana Domenico. Desde muy joven se hizo a la mar y, años más tarde, se estableció en Lisboa tras sobrevivir a un naufragio frente a las costas de Portugal.

En 1476, frente al cabo de San Vicente, en Portugal, su nave fue atacada e incendiada. Herido, se aferró a un remo y nadó varias millas hasta alcanzar la costa, tras lo cual se estableció en Lisboa. Allí se casó con Filipa Moniz Perestrelo, elaboró cartas de navegación junto a su hermano Bartolomé y navegó hasta el fuerte portugués de Elmina, en la Costa de Oro. 

Colón observó los vientos que soplan hacia el oeste cerca de las Canarias y los que soplan hacia el este más al norte, y elaboró su proyecto de alcanzar Asia navegando directamente hacia el oeste.

Siete años de rechazos

El homenaje destaca la persistencia de Colón frente a años de rechazos. El rey Juan II de Portugal descartó su propuesta en 1484 y, dos años después, los Reyes Católicos remitieron el plan a una comisión que tardó años en responder.

En enero de 1492, tras la toma de Granada, la corte volvió a rechazar sus condiciones. Colón partió en mula, pero el tesorero real Luis de Santángel convenció a la reina de que el riesgo era pequeño y la recompensa enorme. Un mensajero real lo alcanzó en el puente de Pinos Puente y lo hizo regresar.

El acuerdo que cambió la historia

El 17 de abril de 1492, en Santa Fe, a las afueras de Granada, se firmaron las Capitulaciones. Colón obtuvo el título de Almirante del Mar Océano, el Gobierno de las tierras que descubriera y una décima parte de las riquezas que produjeran, derechos transmisibles a sus herederos.

El 3 de agosto de 1492, la expedición partió de Palos de la Frontera con tres naves y unos 90 hombres: la Santa María, al mando de Colón; la Pinta, bajo Martín Alonso Pinzón, y la Niña, bajo Vicente Yáñez Pinzón. Tras reparar el timón de la Pinta en La Gomera, la flota puso rumbo al oeste el 6 de septiembre.

Colón llevaba dos diarios de navegación: uno con la distancia real recorrida y otro más corto para la tripulación, con el fin de no alarmarla. El 7 de octubre modificó el rumbo hacia el oeste-suroeste tras observar grandes bandadas de aves. Tres días después, la tripulación exigió volver, pero Colón se negó y mantuvo el rumbo.

El desembarco que conectó dos mundos

La noche del 11 de octubre, Colón creyó ver una luz en el horizonte. A las dos de la madrugada del día 12, el vigía de la Pinta avistó tierra. Al amanecer, Colón desembarcó con el estandarte real, se arrodilló en la arena y bautizó la isla como San Salvador; sus habitantes, los lucayos, la llamaban Guanahaní.

Para la Casa Blanca, aquel momento marcó el inicio de una conexión irreversible entre dos mundos que hasta entonces no se conocían. Colón realizó después tres expediciones más, completando un total de cuatro viajes transatlánticos.

De la playa al Día de Colón

La conmemoración del desembarco se convirtió en una de las tradiciones más antiguas de Estados Unidos. En 1792, la Sociedad de San Tammany de Nueva York celebró el tricentenario del viaje; en 1882, el padre Michael McGivney fundó los Caballeros de Colón; y en 1892, el presidente Benjamin Harrison convocó al país a conmemorar el cuarto centenario.

La Exposición Universal Colombina de Chicago atrajo en 1893 a unos 27 millones de visitantes. En 1937, Franklin D. Roosevelt proclamó el 12 de octubre como Día de Colón, una festividad que en 1971 pasó al segundo lunes de octubre.

Trump recupera a Colón

El presidente Ronald Reagan dedicó en 1984 una estatua de Colón en el Inner Harbor de Baltimore. Esa estatua fue derribada y arrojada al puerto durante las protestas de 2020, pero una réplica restaurada fue instalada en 2026 en los terrenos de la Casa Blanca, junto al edificio Eisenhower.

En 2025, Trump restableció el nombre de Día de Colón y describió al navegante como "el héroe americano original, un gigante de la civilización occidental y uno de los hombres más valientes y visionarios que jamás ha pisado la Tierra".

El mensaje de la Casa Blanca es claro. Colón no es una figura que deba borrarse de la historia, sino un símbolo de audacia, fe y determinación que abrió el camino hacia la creación de la nación más próspera de la historia.
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