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ANÁLISIS

¿Será Texas la nueva California? Las claves para entender el giro azul y si llegó para quedarse

En las elecciones de medio término, los demócratas ganaron todos y cada uno de los cargos estatales de Texas, desde la gobernación hasta la Comisión de Ferrocarriles. Todos pasaron de republicano a demócrata. ¿Qué sigue para el estado?

¿Será Texas la nueva California? Las claves para entender el giro azul y si llegó para quedarse

RONALDO SCHEMIDT / AFP

Joaquín Núñez
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10 minutos de lectura

"Texas es azul. Es una frase difícil de pronunciar. Pero Texas, al menos hoy, es azul”. Así lo expresó el senador Ted Cruz, quien a partir de enero de 2027 se convertirá en el único republicano de Texas electo a nivel estatal, en un extenso mensaje publicado tras las elecciones de medio término.

Según Cruz, los resultados fueron un “tsunami azul”, afirmación que está respaldada por los datos. El martes 3 de noviembre, los demócratas ganaron todos y cada uno de los cargos estatales en juego, desde la gobernación hasta la Comisión de Ferrocarriles. Todos pasaron de republicano a demócrata. Además, el partido recuperó la Cámara de Representantes estatal por primera vez en más de dos décadas, aunque los republicanos conservaron el Senado estatal por 19 a 12.

Ahora, el estado que durante años se presentó como el modelo opuesto al de California o Nueva York, será gobernado por los demócratas como mínimo hasta el 2031.

Los resultados podrían recordar la advertencia de Pat Buchanan, quien en 2011 advirtió que, cuando Texas se volviera predominantemente hispano, seguiría el camino de California y se volvería demócrata. En ese momento, advirtió el exasesor de los presidentes Richard Nixon y Ronald Reagan, sería el “fin” del Partido Republicano.

No obstante, Buchanan realizó su predicción suponiendo que los hispanos votarían por los demócratas hasta el final de los siglos. No obstante, esa idea se truncó apenas unos años después, cuando Donald Trump bajó de la escalera mecánica de la Trump Tower para anunciar su primera candidatura presidencial.

Desde entonces, con la única excepción de 2018, los hispanos se volvieron más republicanos en cada ciclo electoral. El pico máximo fue en 2024, cuando Trump  se quedó con alrededor de la mitad del voto hispano texano. Además, se convirtió en el republicano con mayor porcentaje de voto hispano desde que existen las mediciones.

Entonces, entre tanta confusión, la pregunta sobre el futuro de uno de los bastiones republicanos es más oportuna que nunca: ¿será Texas la nueva California?

¿Cómo se volvió azul California?

A pesar de que con los ojos del hoy parezca extraño, California fue un fiel voto republicano durante la última parte del siglo XX. Entre 1952 y 1988 hubo diez elecciones presidenciales, en las que los candidatos republicanos a la presidencia ganaron el estado nueve veces.

Desde entonces, muchos han debatido cuáles fueron las causas que llevaron a California a pintarse de azul.

La Proposición 187

Una de las teorías más difundidas es la de la Proposición 187, una propuesta del gobernador republicano Pete Wilson que buscaba negar servicios públicos como la educación y la salud no urgente a los inmigrantes ilegales. La iniciativa fue votada por los californianos y se aprobó en 1994 con el 59% de los votos.

No obstante, la Proposición 187 fue bloqueada judicialmente. Según diversos analistas, la iniciativa despertó el activismo político de la creciente población latina, que se volcó masivamente hacia el Partido Demócrata.

De acuerdo con Alex Nowrasteh del Cato Institute, este fue el principio del fin para los republicanos en California. “El apoyo republicano a las iniciativas electorales y a los candidatos antiinmigrantes arruinó la imagen del Partido Republicano ante los ojos de los inmigrantes, sus hijos y los blancos a quienes les repugnaban los mensajes nativistas, lo que los llevó a todos a los brazos de los demócratas, que eran proinmigración”, escribió en un artículo titulado ‘La Proposición 187 convirtió a California en un estado demócrata’.

Hasta la iniciativa de Wilson, escribió Nowrasteh, el GOP se repartía el voto hispano con los demócratas en las elecciones a gobernador. En efecto, los republicanos obtuvieron el 46% en 1986 y el 47% en 1990. En 1994, ya con la iniciativa en la boleta, ese respaldo cayó al 25%. Cuatro años después, el candidato Dan Lungren obtuvo el 17%.

Varios estudios académicos respaldan esa lectura. Uno fue escrito por James Monogan y Austin Doctor, de la Universidad de Georgia, en el que compararon encuestas de California y Texas entre 1990 y 1998. Encontraron que, después de que Wilson abrazara la 187, la proporción de hispanos californianos que se identificaban como demócratas subió y nunca volvió a bajar, con un efecto duradero de 7,1 puntos. En Texas, en el mismo período, esa identificación se mantuvo estable.

El propio Nowrasteh encuentra en Texas un ejemplo no muy lejano. Mientras Wilson apostaba por la Proposición 187, George W. Bush hizo campaña en 1994 con un discurso favorable a la inmigración. Cuatro años después, en 1998, Bush se quedó con el 50% del voto hispano texano, mientras que en California Lungren apenas llegaba al 17%. Es decir, prácticamente lo opuesto a lo ocurrido en 1990, cuando el republicano texano Clayton Williams obtuvo el 27% de ese electorado y Wilson, el 47%.

Segunda teoría: peso de la demografía y la amnistía de Reagan

Es la explicación que inspiró la predicción original de Buchanan. Al defender la Ley de Inmigración y Nacionalidad de 1965, Ted Kennedy aseguró en el Senado que la norma no alteraría la composición étnica del país. Sin embargo, en California los blancos no hispanos pasaron del 76% de la población en 1970 a menos de la mitad en 2000 y al 35% en 2020.

Para los defensores de esta teoría, el golpe decisivo llegó en 1986, cuando el presidente Ronald Reagan firmó la Ley de Reforma y Control de la Inmigración (IRCA). En concreto, la norma combinaba sanciones a los empleadores que contrataran inmigrantes ilegales con una amnistía para quienes vivían en el país desde antes de 1982. Así, se estima que unos 2,7 millones de personas obtuvieron la residencia legal, y más de la mitad vivía en California.

El excongresista republicano Dana Rohrabacher, que representó al sur de California durante tres décadas, llegó a afirmar que “California quedó devastada por las consecuencias de esa amnistía".

No obstante, algunos estudios han matizado el impacto de IRCA. Un estudio de Matt Barreto, Ricardo Ramírez y Nathan Woods concluyó que los beneficiarios de la IRCA no fueron el motor del aumento del voto latino en el sur de California a fines de los noventa.

Para Heather Mac Donald del Manhattan Institute, los hispanos de California naturalmente iban a decantar hacia los demócratas. En un artículo publicado en el City Journal sostuvo que el giro se habría producido con o sin la iniciativa de Wilson.

Tercera teoría: Reagan ganó la Guerra Fría y perdió California

La última teoría es la de William Voegeli, editor del Claremont Review of Books, que propone una explicación distinta en un ensayo publicado en City Journal. Según su análisis, los cambios demográficos no explican el fondo de la cuestión.

Para la teoría de Voegeli, la clave del cambio político de California fue el fin de la Guerra Fría. El hecho redujo el gasto del Pentágono del 5,7% del PIB en 1985 al 2,7% en 1999. Según el periodista Dan Walters, citado por Voegeli, esos recortes provocaron la peor recesión californiana en medio siglo y la salida de alrededor de 1,5 millones de personas, muchas de ellas trabajadores de defensa y sus familias. Sin esos votantes, el GOP dejó de competir en el sur del estado, y con él, en todo California.

El camino inverso de Texas

Mientras California giraba hacia los demócratas, Texas recorría el camino contrario. El 8 de noviembre de 1994, el mismo día en que los californianos aprobaban la Proposición 187, George W. Bush derrotó a la gobernadora demócrata Ann Richards. Desde entonces y hasta el martes, ningún demócrata había vuelto a ganar una elección estatal en Texas.

Con los años, los republicanos del estado convirtieron a California en un ejemplo de lo que no había que hacer. En 2018, el gobernador Abbott hizo campaña con el eslogan "No conviertas mi Texas en California".

Dos años después, recibió a los recién llegados con una advertencia en Twitter, hoy X: “¿Recuerdan esos impuestos altos, esas regulaciones asfixiantes y esa agenda socialista de California? Nosotros no creemos en eso. Creemos en menos gobierno y más libertad individual. Si están de acuerdo, se adaptarán perfectamente", escribió el gobernador.

Al mismo tiempo, la demografía avanzaba en la dirección que anticipaba Buchanan: en 2022, los hispanos pasaron a ser el grupo más numeroso del estado, con el 40,2% de la población. Sin embargo, los votos no siguieron el guion. Lejos de volcarse en bloque hacia los demócratas, el voto hispano se movió hacia la derecha con la llegada de Trump. En Texas, el republicano pasó de cerca del 34% de ese electorado en 2016 a alrededor de la mitad en 2024, con avances históricos en el Valle del Río Grande.

¿Tendencia irreversible voto de castigo?

Volviendo al mensaje publicado por el senador Cruz en las redes sociales, mencionó el costo de vida, la guerra de Irán y los aranceles como los principales motivos de las derrotas en todo el país. No obstante, lamentó principalmente el retroceso del partido con los jóvenes, hispanos y votantes rurales, todos eslabones clave en la coalición que devolvió a Trump a la Casa Blanca en 2024.

En este punto, la principal diferencia con California es que, en el Golden State, el proceso de rojo a azul fue paulatino, pausado, elección tras elección, hasta que finalmente los demócratas terminaron dominando el estado.

En el caso de Texas, la tendencia era la opuesta. En 2024, los republicanos hicieron su mejor elección en el estado en más de una década. Trump le ganó a Kamala Harris por una diferencia de casi 14 puntos porcentuales, la mayor para una elección presidencial desde el 2012.

Por lo tanto, si bien histórico, no está claro que el giro de Texas hacia los demócratas vaya a ser permanente o parte de un proceso irreversible. Los resultados se dieron como parte de una gran “ola azul” que les dio a los demócratas el control de ambas cámaras del Congreso.

En cuanto al voto hispano una encuesta de Univision y YouGov mostró que el 65 % de los latinos que votaron por Trump en 2024 volvería a hacerlo.

Por lo tanto, más allá de lo que se pueda especular o analizar, la única solución es esperar.

¿Será Texas demócrata? ¿El resultado fue una excepción? la encuesta más certera sobre el futuro del estado se publicará dentro de dos años. Las elecciones presidenciales de 2028 serán la primera prueba real para saber si Texas está cambiando de color o si en realidad el martes 3 de noviembre fue un espejismo para los demócratas, una rara excepción en año muy adverso para el Partido Republicano.

Por lo pronto, el senador Cruz ya eligió su respuesta: “Pero escúchenme bien: vamos a recuperar Texas. Texas volverá a ser rojo. Texas sigue siendo Texas”.

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