ANÁLISIS
Un republicano y un demócrata quieren cambiar las reglas del Senado: estas son las cuatro claves
Según el diagnóstico presentado por los senadores Steve Daines y Jeff Merkley, hay demasiados proyectos con apoyo bipartidista que no llegan a convertirse en ley debido a cuestiones internas.

El senador Steve Daines, republicano de Montana/ Allison Bailey
“Salvar el Senado”. Con esa consigna, los senadores Steve Daines (R-MT) y Jeff Merkley (D-OR) presentaron su propuesta bipartidista para cambiar el reglamento interno de la Cámara Alta. Sabiendo que la tarea que eligieron es un camino en subida, puesto que se requiere una abultada mayoría para aprobar los cambios, defendieron su iniciativa argumentando que su objetivo es simplemente reducir burocracia interna para que se voten más proyectos de ley.
Según el diagnóstico presentado por el senador Daines en un documento publicado el jueves, hay demasiados proyectos con apoyo bipartidista que no llegan a convertirse en ley debido a cuestiones internas.
De acuerdo con los datos que presentó, 797 proyectos con copatrocinadores de los dos partidos fueron aprobados en los comités entre 2017 y 2024. Del total, solo 132 se convirtieron en ley y los otros 665 murieron sin llegar a votarse en el pleno.
“El Estados Unidos de hoy es más grande, más ajetreado y más complejo que el país para el que nuestros Padres Fundadores diseñaron el Senado y sus normas. La enorme carga de trabajo y la polarización política actual merman la capacidad del Senado para abordar las preocupaciones del pueblo estadounidense”, señalaron Daines y Merkley en un comunicado.
“Estos y otros factores han provocado que el Senado se haya visto innecesaria e inaceptablemente debilitado como institución”, añadieron.
Además, en el preámbulo del documento en el que presentaron sus propuestas, afirmaron que estas “harían que el Senado fuera más funcional” y “sin dejar de respetar el diseño constitucional y las características distintivas del Senado”.
En este contexto, los senadores presentaron cuatro propuestas concretas.
1-Simplificar las reglas para cerrar el debate
Para terminar un debate y poder votar, hoy el Senado necesita una votación llamada cloture (cierre del debate), que exige 60 votos sobre 100, regla que se conoce como Filibuster (obstruccionismo). No obstante, no se trata de un solo voto. Puede hacer falta uno para empezar a debatir el proyecto, otro para cada enmienda y otro para el proyecto en sí. Además, entre la presentación de una moción de cloture y su votación debe pasar un “día intermedio”, y una vez aprobada el reglamento permite hasta 30 horas más de debate.
Los nombramientos de jueces y funcionarios ya se confirman por mayoría simple, pero siguen requiriendo sus propios votos de cloture. Normalmente el Senado se salta muchos de estos pasos con un “consentimiento unánime”, un acuerdo en el que ningún senador se opone. Pero basta con que un solo senador lo rechace para que haya que recorrer el procedimiento completo.
Para esto, Daines y Merkley proponen tres cambios: eliminar la cloture en nominaciones, mociones para proceder y enmiendas; eliminar ese día intermedio entre la presentación de la moción y su votación, y bajar de 30 a 12 horas el debate posterior a la cloture.
En la práctica, se quitarían los votos intermedios para empezar el debate, las enmiendas y los nombramientos, aunque se mantendrían los 60 votos para cerrar el debate de un proyecto de ley.
La propuesta no modificaría ni eliminaría el obstruccionismo, algo que, por ejemplo, el presidente Donald Trump ha propuesto eliminar.
Años antes, durante la campaña presidencial de 2024, Kamala Harris fue la que propuso eliminar la regla. En aquel contexto, el senador Daines habló con VOZ y defendió la existencia del obstruccionismo: “Si se elimina, ellos (los demócratas) se lanzarán a reestructurar nuestro Gobierno. Así que no se trata solo de implementar impuestos más altos o más gasto, por malo que eso sea. Se tratará de cambiar realmente la estructura de poder del país. Solo dos senadores demócratas salvaron el filibusterismo en el último Congreso”.
2- Un “calendario de suspensión”, como el que usa la Cámara de Representantes
En la actualidad, el Senado no tiene un atajo para los proyectos que cuentan con un amplio consenso entre sus miembros. Deben pasar por el mismo proceso legislativo que todos los proyectos. Generalmente esa burocracia puede evitarse con un acuerdo unánime, pero si un solo senador se opone, el proyecto pasa varios días en el pleno.
Como el tiempo de pleno es escaso, muchos proyectos populares terminan sin votarse. El medio Semafor, el primero en informar sobre la propuesta de Daines y Merkley, citó como ejemplo que el senador republicano Rand Paul bloqueó la Ley de Seguridad Infantil en Línea (KOSA), con amplio respaldo de ambos partidos.
En este punto, la reforma busca imitar el proceso de la Cámara de Representantes que sí tiene un atajo y se llama Suspensión de Reglas. Este proceso permite limitar el tiempo del debate, prohíbe la inclusión de enmiendas y exige dos tercios de los votos para aprobar un proyecto.
En concreto, la propuesta incluiría un carril rápido para los proyectos que cuenten con un amplio consenso bipartidista. La moción debería ser presentada de forma conjunta por el presidente de un comité y el miembro de mayor rango. Además, el debate sobre la moción se limitaría a una hora, y la propia moción fijaría cuánto se debate cada proyecto. Para ser aprobado, el proyecto requeriría un umbral de dos tercios de los votos (67 sobre 100, suponiendo que todos estén presentes).
3- Otra vía rápida para proyectos con un fuerte respaldo bipartidista
El tercer cambio también apunta a agilizar el proceso para los proyectos de ley que cuenten con un amplio apoyo bipartidista. Actualmente, aunque un proyecto consiga la aprobación del comité, nada garantiza que llegue al pleno del Senado. En la práctica, el líder de la mayoría cuenta con un amplio poder para decidir qué proyectos pueden debatirse y cuando. Además, en caso de llegar, necesita superar los 60 votos para salir del debate.
Ante este escenario, Daines y Merkley proponen una vía para que los proyectos que salgan del comité con apoyo bipartidista comprobado puedan llegar al pleno a pesar de la oposición del líder de la mayoría y ser aprobados con mayoría simple, es decir, la mitad más uno de los miembros presentes.
El documento nombró a este proceso como “vía rápida de un día” y funcionaría de la siguiente manera. Primero, el proyecto debe salir del comité con los votos de la mayoría de los miembros de cada partido en el comité, o con al menos 5 votos de cada uno.
Posteriormente, los líderes del comité de donde haya salido el proyecto (por ejemplo, Agricultura) presentan una moción formal para llevar el proyecto al pleno. Debe llevar las firmas de al menos 16 senadores, incluidos ellos dos y un mínimo de tres más de cada partido, para demostrar que el apoyo es amplio y bipartidista. La moción también puede enumerar de antemano las enmiendas que se votarán, y cada una necesita el respaldo de cuatro senadores de cada partido.
Una vez presentado todo, el líder de la mayoría (hoy, John Thune) tendría 15 días de sesión para programar el proyecto. Si no lo hace, la moción procede automáticamente el día 16.
El debate quedaría reducido a seis horas en total, no se admitirían nuevas enmiendas a menos que los 100 senadores lo acepten y el proyecto se aprobaría por mayoría simple.
En cuanto a las diferencias entre este tercer punto con el segundo, el dos sirve para proyectos con apoyo casi unánime en todo el Senado, dado que exige dos tercios de los votos (67 de 100) y no admite enmiendas. En cambio, este apunta a proyectos que quizás no lleguen a esa mayoría en el pleno, pero que ya demostraron apoyo de ambos partidos en el comité.
4- Cierre del Gobierno
El último punto también busca agilizar procesos, esta sobre el mecanismo para financiar al Gobierno federal y devolverle protagonismo al Comité de Asignaciones, en lugar de dejar que las principales decisiones sobre el gasto se concentren en negociaciones de último momento.
Cada año el Congreso debe aprobar 12 proyectos de asignaciones (appropriations), las leyes que fijan el gasto del Gobierno federal. Cuando no se aprueban a tiempo, se recurre a las resoluciones continuas (CR), prórrogas temporales del presupuesto anterior para financiar al Gobierno, o a los grandes paquetes de fin de año (ómnibus). Si ni eso se logra, el Gobierno se cierra total o parcialmente hasta que el Congreso llegue a un acuerdo.
Para aumentar las chances de evitar un cierre del Gobierno, los senadores proponen un procedimiento acelerado de dos días para los proyectos que hayan recibido al menos cinco votos de la mayoría y cinco de la minoría en el Comité de Asignaciones. También se podrían combinar hasta tres proyectos de distintos subcomités en un solo paquete, conocido como minibus.
Una vez en el pleno, el procedimiento permitiría 20 enmiendas, 10 de cada partido, que solo podrían modificar partidas de gasto ya existentes, sin crear nuevos programas. Las que tengan al menos cuatro senadores de cada partido como copatrocinadores podrían aprobarse por mayoría simple, mientras que las demás necesitarían 60 votos. Cada una tendría un máximo de cinco minutos de debate. Finalmente, el proyecto podría aprobarse por mayoría simple.
Para que la propuesta tenga éxito, Daines y Merkley deberán llegar a 67 votos en el Senado.