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Episodio 92

Casarse sí vale la pena: lo que nos gustaría que las nuevas generaciones supieran

¿De verdad los jóvenes ya no quieren casarse, o será que a muchos nadie les ha respondido sus preguntas? En Vivas y Plenas nos sentamos a conversar, de mujer a mujer y de generación a generación, sobre los ejemplos que damos, las expectativas que cargamos y lo que hace que un matrimonio dure.

Artículo 92

Artículo 92Vivas y Plenas

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¿No quieren casarse o no tienen buenos ejemplos?

Empezamos con una pregunta que nos mueve el corazón: ¿por qué vemos a tantos jóvenes que no quieren formar pareja ni un hogar? Vivi nos ayudó a mirarlo desde otro lugar: “no es que no se quieran casar, sino que a veces son los malos ejemplos que han visto en los hogares”. Por diseño, nos recordó, todos queremos y necesitamos el compromiso, pero un joven que creció entre peleas y disfuncionalidad piensa: “No, yo no quiero tener eso en mi casa”.

“no es que no se quieran casar, sino que a veces son los malos ejemplos que han visto en los hogares”

También hablamos de lo que cuentan muchas mujeres jóvenes: que no encuentran a un hombre cortés, proveedor y protector, y que a algunos los llaman “princesos”. Y de algo que nos duele: hay una desconexión entre generaciones. “Las preguntas que se están haciendo esas muchachas o muchachos no tienen quién se las conteste”, y entonces las buscan en lugares equivocados. Antes se pasaba el legado; ahora, dijimos, sentimos un vacío.

Cuidemos lo que decimos

Una de nosotras compartió algo que escucha seguido: “haz todo eso ahora, porque cuando te cases... disfruta tu libertad”, como si el matrimonio quitara la libertad. Si una joven oye eso de alguien que lleva años casada, puede pensar que casarse no es lo mejor. Por eso nos invitamos a tener cuidado: “la mejor época puede ser estando casada, construyendo sueños”.

Hablamos de la diferencia entre independencia, dependencia e interdependencia: en el matrimonio formamos un equipo “sin perder la propia identidad”. Y de cuánto pesan nuestras palabras en casa. No todos los hombres ni todas las mujeres son iguales, y decir por teléfono “todos los hombres son iguales” frente a un hijo pequeño le deja una huella, porque “él está escuchando y grabando eso”. 

Cuando elegimos pareja, no buscamos a alguien que complete nuestras deficiencias, sino a alguien con quien, estando ambos completos, formemos una unidad poderosa.

Del cuento de hadas a la vida real

En la cultura hispana crecemos con la idea del “vivieron felices para siempre”, pero la realidad, nos dijimos, es que el matrimonio “es una labor que cuesta y requiere sacrificio, aunque sus frutos son hermosos”. Y sin guion de telenovela: “En la vida real no tenemos un guion de telenovela”.

Aquí compartimos un consejo práctico: rodearnos de matrimonios con más camino recorrido que sean un modelo sano. También reconocimos que las redes sociales han fomentado mucha comparación y han subido las exigencias, a veces hasta pedir desde el inicio títulos o cosas inalcanzables, olvidando que se crece en el camino.

¿Quién puso esas reglas?

“Cuando termine mi carrera me voy a casar”, “hasta que no termines tu carrera no te cases”. Nos preguntamos: ¿quién puso esas reglas? Parte de eso, dijimos, es miedo al compromiso y temor a no hacerlo bien. Pero se puede estudiar casados y crecer juntos, porque “el amor implica flexibilidad”. Una de nosotras nos habló de amigas que priorizaron solo el éxito profesional y hoy lamentan estar solas, sin haber formado un hogar.

Y recordamos que “todo en la vida que vale la pena requiere sacrificio: el trabajo, el estudio y también el matrimonio”. Eso incluye perseverar, perdonar y ceder, y preguntarnos qué ofrecemos nosotras antes de exigir una lista interminable de requisitos.

“todo en la vida que vale la pena requiere sacrificio: el trabajo, el estudio y también el matrimonio”.

Equipo, no competencia

Conversamos sobre el balance. Cuando el hombre es pasivo, la mujer se sobrecarga; cuando ella no se deja cuidar, él se retrae. Compartimos que la necesidad principal de la mujer suele ser la seguridad emocional, y la del hombre, respeto y admiración. Nos recordamos que “el hombre necesita ser empoderado, admirado y respaldado, no atacado”, y que cuando nos complementamos como equipo se rompe esa cadena disfuncional: “admirar al hombre y amar a la mujer genera una sinergia irrompible”.

Con humor, una de nosotras les dice a sus hijas: “Ustedes son guacamole, por ustedes se paga extra; no son chips gratis”. Valorar los roles que recibimos también es valorarnos.

Una lista corta, y Dios en el centro

Cuando sus hijas le preguntaron qué requisitos no negociables buscó en su esposo, su lista fue corta: afinidad intelectual para conversar, “una fe firme e inamovible en Dios” y atracción mutua. No se necesita una lista imposible.

Nos contó que, a los 18 o 19 años, lo que la impactó de él fue su atención: en las reuniones buscaba escucharla y hacerla reír. Llevan casi 25 años juntos. Con perdón, gracia y “Dios en el centro”, se superan los momentos en que uno pensó en tirar la toalla. Cerramos con lo que su hija mayor les dice a sus amigas: “¿Saben lo hermoso que se van a perder si no experimentan un amor que perdure toda la vida?”.

¿Quieres escuchar la conversación completa?

Mira el episodio completo en el siguiente enlace

https://cdn.jwplayer.com/previews/HtDuzxNp

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