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ANÁLISIS

Francia: cientos de liceos cerrados por las protestas, con al menos 65 docentes heridos, mientras el Ejecutivo señala a la extrema izquierda de LFI de incitar la violencia

El ministro de Justicia, Gérald Darmanin, detalló que, desde el arranque del movimiento, alrededor de 2.000 personas han pasado por comisaría, "el 90 % de ellas menores".

Un manifestante en Clermont-Ferrand, Francia

Un manifestante en Clermont-Ferrand, FranciaHans Lucas via AFP.

Carlos Dominguez
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Más de 560 liceos franceses amanecieron este viernes con las clases suspendidas o severamente alteradas. Estudiantes de último año prendieron fuegos frente a las entradas de algunos centros y se enfrentaron a la policía en una ola de protestas que, lejos de amainar, se ha extendido de la región de París a todo el país.

El movimiento comenzó la semana pasada en la Île-de-France y rápidamente ganó escala nacional. Ha derivado en bloqueos de accesos, daños materiales y una escalada de tensión que el Gobierno califica ya de "violencia urbana".

El jueves, Marine Le Pen, candidata del Rassemblement National (RN) y favorita en las presidenciales de 2027, escribió en X que Jean-Luc Mélenchon, líder de La France Insoumise (LFI), tiene una "gran responsabilidad" en la violencia. Lo culpa de acudir en persona a los institutos a arengar a los alumnos, de llamar a sus militantes a la insurrección y de enviar a sus diputados a los centros. El Gobierno también acusa al partido de Mélenchon de estar detrás de los bloqueos en los liceos.

Reclamos estudiantiles

Según informó AFP, los alumnos denuncian que sus jornadas escolares son "excesivamente largas". También protestan por condiciones materiales inadecuadas, con aulas sobrecalentadas y falta de recursos, y por las numerosas ausencias de personal docente.

"Durante todo un año no tuvimos profesor de ciencias. No tenemos libros de texto", dijo a AFP Simon, de 15 años, frente al liceo Turgot, en el centro de París. "Y aun así somos los afortunados. En los suburbios es aún peor".

Heridos y centros dañados

El Ejecutivo reconoce que las quejas son legítimas, pero insiste en que el movimiento ha sido secuestrado por "grupos ultra violentos". El ministro de Educación, Edouard Geffray, señaló en BFMTV que al menos 65 miembros del personal educativo han resultado heridos, incluidos 40 directores de liceos. Unos 170 estudiantes han sufrido lesiones desde el inicio de las movilizaciones.

Según su cartera, más de 100 establecimientos han sufrido "daños severos". Muchos centros, especialmente en Marsella, han optado por impartir clases a distancia para garantizar cierta continuidad pedagógica.

Detenciones y tensión política 

La respuesta policial ha sido contundente, con gases lacrimógenos, cargas y detenciones masivas. En París, bomberos apagaron incendios en las entradas de dos liceos, Leonard de Vinci, al sur, y Gaston-Bachelard, al sureste, según constató un fotógrafo de AFP.

Según Franceinfo, el ministro de Justicia, Gérald Darmanin, detalló que, desde el arranque del movimiento, alrededor de 2.000 personas han pasado por comisaría, "el 90 % de ellas menores". En RTL anunció que ha pedido a los fiscales que exijan a los padres responder por los daños causados por sus hijos durante las protestas y "pagar las reparaciones".

Geffray urgía a las familias a "decir claramente a sus hijos que no vayan" a las movilizaciones porque "están en peligro".

La sombra de LFI sobre las protestas

La crisis que ha llevado al cierre de cientos de liceos en Francia ha dejado de ser solo un conflicto educativo para convertirse en un campo de batalla político a seis meses de las presidenciales de 2027. El Gobierno de Emmanuel Macron ha señalado con el dedo a La France Insoumise (LFI), el partido de Jean-Luc Mélenchon, como uno de los principales instigadores de una movilización que comenzó con reclamos legítimos pero que ha derivado en disturbios, incendios y casi 2.000 detenidos, en su mayoría menores.
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​Desde LFI, el responsable Manuel Bompard rechazó esas acusaciones y denunció que el Ejecutivo "está cayendo en teorías conspiranoicas". Mientras tanto, la tensión sigue alta en ciudades como Rennes, Brest o Marsella, donde estudiantes encapuchados y cordones policiales dibujan un mapa de conflicto que pone en el centro del debate francés el estado de la educación pública y los límites de la protesta juvenil.
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El patrón es conocido. Se aprovecha el descontento genuino de los jóvenes para empujar una narrativa de confrontación contra el Estado. Le Monde, en un análisis del lunes, ya advertía que "el Gobierno acusa a LFI de instrumentalizar la movilización mientras Jean-Luc Mélenchon denuncia una ‘represión irresponsable’". La estrategia es clásica. Se crea caos, se culpa a la policía y el partido se presenta como defensor de la juventud, todo ello con vistas a las elecciones presidenciales en las que Mélenchon busca nuevamente el Elíseo.
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