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Tom Cruise o el amor: a la familia, a los amigos, a uno mismo, a la patria y al patriotismo 

‘Top Gun: Maverick’ es, sin duda, una película conservadora respecto a lo que más vale la pena conservar

Tom Cruise es el último de los románticos. En el Festival de Cannes relató cómo se opuso a que las últimas entregas de Misión Imposible y Top Gun se estrenasen en las plataformas de televisión antes que en las salas cinematográficas:   

“Yo hago películas para la gran pantalla. Yo hago películas para el público. ¿Que si a raíz de la pandemia mis películas se podrían haber estrenado en televisión antes que en el cine?  Eso no pasó ni va a pasar. Jamás”. 

Si por él fuera, seguramente se proyectarían en la antigua tecnología de celuloide de 35 mm. en lugar del actual y casi ubicuo sistema digital. Cruise es, sin duda, un conservador, lo que no significa agarrarse al pasado como a un clavo ardiendo, sino luchar para que lo bueno de las tradiciones no se vaya por el sumidero de un progresismo automático, banal y vacío. Lo mismo se puede decir de Top Gun: Maverick, una reivindicación del factor humano de los pilotos de carne y hueso en la época de robots asesinos y drones sin piedad.  

Top Gun: Maverick es una película que trasciende a las típicas películas de acción en las que lo único que destaca es la pirotecnia de los fuegos artificiales, por otro lado brillantísimos en la secuela de Top Gun de Tony Scott, porque lo que destaca en ella es el factor emocional de las relaciones humanas auténticas. Es una película que muestra todos los tipos de amor que tematizaron los antiguos griegos. En primer lugar, por la relación que establece el capitán Pete Maverick Mitchell (Tom Cruise) con alumnos que se convierten en discípulos, atraídos por su sinceridad y ejemplaridad. A este amor fraternal los griegos lo llamaron storgé (leal, protector, comprometido) que crece con el tiempo superando dificultades. 

Otro tipo de amor que enaltecían los griegos es la philia, entre amigos que buscan el bien común y se expresa en el respeto y el compañerismo. En este sentido, el abrazo que se dan el capitán Mitchell y el almirante y comandante de la Flota del Pacífico Tom Iceman Kazansky (Val Kilmer) es de los que cortan la respiración. Porque Maverick e Iceman habían sido los más rabiosos adversarios en el aire como pilotos, pero siempre se habían respetado y admirado.  Detrás de ese abrazo cinematográfico, entre un humilde pero exitoso capitán y un soberbio pero agonizante almirante, hay otra historia paralela entre los actores Tom Cruise y Val Kilmer, pero eso daría pie a otro artículo (merece verse el documental sobre Val Kilmer, Val, antes de ver Top Gun. Cruise trazó una línea roja para rodar: que Kilmer estuviese también la película recreando a su antiguo personaje).

No puede faltar el eros, el amor pasional e impulsivo, que puede llegar a ser profundo y duradero canalizando su intensidad. El reencuentro entre el capitán Mitchell y un antiguo amorío que se insinuaba desde la película original, Penny Benjamin (Jennifer Connelly), se resuelve cinematográficamente con un viaje en barco donde, lejos de los aviones supersónicos, es ella donde maneja el timón, una metáfora de cómo el campeón de las motos y los cazas ha encontrado una persona para una relación de pareja de igual a igual no solo desde la atracción física sino también como proyecto de vida.

Por último, pero no de menor importancia, también es Top Gun: Maverick un tratado del tipo de amor que los griegos llamaban ágape, el amor más puro e incondicional, en el que prima el deber sobre el placer, amor espiritual y profundo enfocado en el bienestar del ser amado. Es el amor a Dios de los místicos como San Juan de la Cruz o el amor a la patria tal y como lo explicó Pericles: 

«Combatiendo por tal ciudad y resistiéndose a perderla es que estos hombres entregamos notablemente sus vidas; justo es, por tanto, que cada uno de quienes les hemos sobrevivido anhele también luchar por ella». 

Compañeros, amigos, pareja, patria. Todo lo que nos lleva a ser más nosotros mismos reafirmando nuestra identidad personal. Porque Top Gun: Maverick es también un canto al individualismo, la autonomía moral y el coraje político, que lleva a nuestro protagonista a rebelarse incluso contra la autoridad cuando esta se mueve por intereses espurios e ideologías torticeras. 

En estos tiempos en los que las nubes oscuras del relativismo nihilista y el desprecio a los valores trascendentes se abaten sobre la civilización occidental, Top Gun: Maverick reivindica el amor sano y jovial a los amigos, a los familiares, a los compañeros, a las parejas y, cómo no, a la patria. Es, sin duda, una película conservadora respecto a lo que más vale la pena mantener y fomentar en la vida: las relaciones profundas con los que nos rodean con amor y nos ayudan a llegar a ser lo que verdaderamente somos.