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Sri Lanka: el colapso de la tiranía ecologista

Su presidente publicó un artículo en el Foro Económico Mundial que anunciaba: "Así haré rica a Sri Lanka en 2025". La organización lo ha eliminado de su web.

Sri Lanka fue víctima de una guerra civil que duró décadas. Cuando terminó, en el año 2009, se pensaba que el país asiático podría tener un brillante futuro. Es un gran destino turístico, y con las inversiones necesarias puede convertirse en una potencia. Está en una zona en la que se ha producido la mayor parte del crecimiento mundial de las últimas décadas. 

Y, sin embargo, hoy no hablamos del espectacular crecimiento de Sri Lanka, de cómo ha acompañado a otras economías que progresan aceleradamente y sacan a sus ciudadanos de la pobreza. Al contrario, el país ocupa todas las portadas porque su economía ha colapsado. ¿Cómo ha podido llegar a esa situación?

Nacionalismo y socialismo

El primer paso se dio nada más terminar la guerra civil. En lugar de seguir el camino de participación en la globalización, como han hecho la India u otros países más al este, Sri Lanka inició una política de sustitución de importaciones. La estrategia no fue la de centrarse en los sectores en los que la ventaja comparativa era mayor, para comprar productos de fuera, sino la de fabricar esos bienes también dentro, aunque fueran más caros y de menor calidad. 

Por otro lado, Sri Lanka recibió cantidades enormes de capital procedente de China, destinado a la creación de infraestructuras: 12.000 millones de dólares en los últimos años, que se han sumado a su deuda nacional. Sri Lanka ha ofrecido como garantía el control sobre el puerto de Hanbantota, un lugar importante en la llamada Nueva Ruta de la Seda. En la actualidad, Sri Lanka tiene una deuda de 51.000 millones de dólares, de los cuales tiene que pagar 7.000 este año. Y ya no le quedan reservas.

Rajapaksa y el Foro Económico Mundial, ecologistas

Se ha quedado sin reservas porque el golpe del terrorismo más la incidencia de la pandemia han hecho que caiga la actividad turística, que aporta un tercio de las reservas del país. A la caída en reservas le siguió la rebaja en la calificación de la deuda por parte de las agencias internacionales. Esta situación cerró el acceso del Gobierno a los mercados internacionales. Sri Lanka empezó a acumular deuda exterior. El presidente, Gotabaya Rajapaksa, recurrió entonces a la prohibición de las importaciones de fertilizantes.

Rajapaksa no adoptó esa medida por una cuestión económica, sin embargo. La propuesta formaba parte del programa político con el que ganó las elecciones en 2019. En la última reunión de Naciones Unidas sobre el clima, Rajapaksa declaró solemnemente el compromiso de Sri Lanka con una revolución agrícola “en sintonía con la naturaleza”. Lo cierto es que su política ha estado en sintonía con la ideología ecologista. Forma parte del programa del Gobierno; un programa que se llama "Vistas de prosperidad y esplendor".

Desde luego, tenía el respaldo del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), organización que rivaliza con el Foro de Sao Paulo en entusiasmo por la ideología ecologista. El WEF publicó en 2018 un artículo escrito por el entonces futuro presidente de Sri Lanka titulado “Así es como haré rica a Sri Lanka en 2025”. El WEF ha borrado su artículo, quizás por falta de confianza en que en 2025, y siguiendo las recetas ecologistas del WEF, Sri Lanka vaya a ser un país rico. 

Agricultura orgánica y pobre

Según el experto en política medioambiental Bjorn Lomborg, "las investigaciones demuestran de forma concluyente que la agricultura ecológica produce muchos menos alimentos por hectárea que la convencional. Además, la agricultura ecológica obliga a los agricultores a rotar la tierra fuera de la producción para destinarla a pastos, barbecho o cultivos de cobertura, lo que reduce su eficacia. En total, los planteamientos ecológicos producen entre una cuarta parte y la mitad de alimentos que la agricultura convencional, basada en la ciencia".

Los efectos ecológicos o económicos de un cambio hacia la agricultura orgánica pueden ser desastrosos. De acuerdo con el profesor Lomborg, "los agricultores ecológicos necesitarían mucha más tierra para alimentar al mismo número de personas que hoy, posiblemente casi el doble de superficie. Dado que la agricultura utiliza el 40% de la tierra libre de hielo de la Tierra, el cambio a lo orgánico significaría la destrucción de grandes franjas de la naturaleza para una producción menos eficaz".

La dieta del hambre

El presidente Rajapaksa justificó la decisión de imponer la agricultura orgánica con estas palabras: “El Gobierno debe garantizar el derecho de la gente a una dieta no tóxica, que produzca un ciudadano sano y productivo”. Pero esa dieta no llega a los hogares. Su política de erradicación de los fertilizantes ha sido un éxito: su uso ha desaparecido en gran medida. Pero las consecuencias no se han hecho esperar: cuatro de cada cinco ciudadanos está pasando hambre

La agricultura supone menos del 8% de la economía del país, que en su mayor parte recala en los servicios (casi el 60% del PIB). Pero el efecto de la prohibición de los fertilizantes es tan dramático, que ha provocado grandes movilizaciones ciudadanas, que obligaron al Gobierno a echarse atrás en su política ecologista. 

No obstante, aunque se haya levantado, los efectos de la prohibición continúan. Los productores de fertilizantes no se atreven a exportar su producto a Sri Lanka, que ha continuado sin ellos. Según la agencia de noticias Reuters, los expertos creen que esa política provoca un descenso en la producción agrícola del 30%. Y cita el caso de un agricultor que dice: “El año pasado sacábamos de estos dos acres 60 bolsas [de jade verde]. Pero esta vez han sido sólo 10”. 

Sri Lanka, que había sido autosuficiente en la producción de arroz, ha tenido que importarlo por un valor de 450 millones de dólares. La caída en la producción también diezmó las exportaciones agrícolas, lo que ha incidido en el aumento de la deuda externa. 

El colapso

La política socialista, ecologista y antieconómica de su Gobierno ha conducido a Sri Lanka al caos. Se ha quedado sin capacidad para importar nada. El combustible ha dejado de llegar. Y las colas para repostar, que duraban varias horas, han dejado de tener sentido porque no hay combustible que distribuir. Sin combustible no hay actividad económica y la situación se deteriora rápidamente. La política contra la producción nacional, junto con la imposibilidad de importar, ha hecho que no haya comida. El hambre se extiende por todo el país, y sólo uno de cada cinco habitantes escapa de él. 

La rupia de Sri Lanka se ha devaluado, y la inflación arrecia. Incluso en una crisis como esta, el Banco Central de Sri Lanka ha decidido elevar los tipos de interés un punto, hasta el 15,5%. En realidad es un paso necesario, si se quiere poner coto a la situación de deuda externa e inflación rampante. 

La fiesta

Los productos no llegan a los mercados. Y los esrilanqueses salen de sus casas. Centenares de miles de ellos, para huir. Otros han entrado en el Palacio Presidencial para saludar al presidente Rajapaksa. El asalto a la residencia se ha convertido en una fiesta de varios días. Los ciudadanos ocupan todas las estancias y se hacen fotos para las redes sociales.

Un vídeo muestra cómo la gente combate el calor bañándose en la piscina presidencial:

Los ciudadanos ocupan todas las habitaciones, y se hacen fotos para las redes sociales. Según informa The Guardian, los asaltantes han creado cocinas comunitarias para reponer fuerzas.