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Hispanos: ¡a votar!

Se nos ha pretendido tratar con condescendencia o paternalismo y ello ha afectado mucho a nuestra autoestima. Manifestémoslo en las urnas.

Este es un año de elecciones de medio mandato. Estados Unidos vive momentos difíciles y la inflación es apenas una señal. Hay quien culpa a Trump de la polarización sociopolítica, pero esa polarización en verdad ha sido creada por grupos violentos y por políticos irresponsables que no respetan la voluntad de buena parte del pueblo estadounidense. Es una polarización que busca confundir a los hispanos, que no en vano constituimos la minoría más importante del país –al punto de que es más que probable que en no demasiados años dejemos de ser minoría–. Candace Owens, brillante comunicadora conservadora afroamericana, supo ver hace tiempo la migración de buena parte de los hispanos hacia el Partido Republicano. Lo vio más claramente en los exiliados cubanos y venezolanos que llegan a Estados Unidos huyendo de un socialismo por el cual siente algo más que simpatía el Partido Demócrata (y no digamos todos esos grupos de presión que le son afines y funcionales). 

Con todo, hemos de ser conscientes de que los hispanos no procedemos sólo de migraciones más o menos recientes, sino que empezamos a construir este país ya en el siglo XVI. En muchos de los actuales territorios de los Estados Unidos se habló y se escribió en español antes que en inglés. También fue hispano el verdadero primer día de Acción de Gracias, y la contribución de nuestra comunidad a la independencia fue crucial. Eso, por no hablar de la influencia hispana en el mundo agropecuario, la música o la gastronomía estadounidenses. 

Este sentido de pertenencia y orgullo es muy importante a la hora de votar, pues a los hispanos se nos ha pretendido tratar con condescendencia o paternalismo y ello ha afectado mucho a nuestra autoestima. Y eso se refleja en la política. 

Por eso es tan importante que el hispano esté bien informado de sus raíces históricas y culturales en los Estados Unidos, y que refrende sus valores a la hora de votar. El hispano es emprendedor por naturaleza, ama la libertad y la familia y pone a Dios por encima de todo, como reza el lema de Jair Bolsonaro, el presidente de Brasil, que tantas simpatías nos despierta. 

Así las cosas, vamos a definir qué nos jugamos en las elecciones de noviembre, que se llaman “de medio mandato” porque se efectúan en el punto medio de la legislatura, que, como es sabido, consta de cuatro años. En estos comicios se renuevan los 435 escaños de la Cámara de Representantes, así como 33 o 34 de los 100 del Senado. Además, 36 de los 50 estados de la Unión eligen a sus gobernadores para un mandato de cuatro años. Muchos estados también eligen oficiales para sus legislaturas. Y hay elecciones de ámbito municipal. 

Las elecciones intermedias normalmente tienen un nivel más bajo de participación que las presidenciales: suele oscilar entre el 50 y el 60% (al menos así ha sido durante los últimos 60 años). Sin embargo, las de del próximo 8 de noviembre son una muestra bien ilustrativa de cómo funciona el equilibrio de poderes en Estados Unidos, y pueden diseñar el futuro inmediato por encima de partidismos más o menos cerrados, como pueden entenderse en Europa. Y es que el hecho de que Biden sea del Partido Demócrata no garantiza que los suyos le vayan a decir a todo que sí; como no garantizó nada a Trump el hecho de que se presentara por el GOP, pues tuvo que enfrentarse a un establishment republicano que siempre le hizo la guerra desde dentro.

Candace Owens supo ver hace tiempo la migración de buena parte de los hispanos hacia el Partido Republicano. Lo vio más claramente en los exiliados cubanos y venezolanos que llegan a Estados Unidos huyendo de un socialismo por el cual siente algo más que simpatía el Partido Demócrata.

Ojo a Florida, no en vano es uno de los estados más hispanos por su historia y población: se juega un puesto en el Senado, 28 en el Congreso; elige al gobernador, al vicegobernador, al fiscal general, al director financiero, al comisario de agricultura, a los miembros de la legislatura en el Senado y Cámara de Representantes, a comisionados, a miembros de la junta escolar, a jueces e incluso enmiendas en la Constitución del estado. Tanto en el Sunshine State como en el resto del país, insistimos en que el hispano debe formarse e informarse, pues su futuro está en juego, así como el de toda la nación

Hay que tener en cuenta que los estados organizan las elecciones, y deciden la fecha límite para votar y cómo se debe hacer. Por eso es muy importante consultar con la oficina electoral estatal de turno para obtener una información más detallada. Con todo, en estas líneas vamos a ofrecer una guía para los votantes hispanos.

Lo primero de todo es saber que en Estados Unidos hay que estar registrado para votar; en el caso de que no se esté, hay que saber cómo hacerlo. Y no está de más saber cómo se puede cambiar de registro electoral (habida cuenta de la movilidad existente entre estados por razones de trabajo, etc.) y cómo solicitar una tarjeta de registro. Todas estas cuestiones pueden ser revisadas en el siguiente enlace: https://www.usa.gov/espanol/inscripcion-para-votar.

Hace poco, el progresismo globalista, con todos sus apéndices woke, alertaba sobre cómo se había restringido el dizque derecho al aborto en estados como Arkansas, Dakota del Norte, Dakota del Sur, Idaho, Kentucky, Luisiana, Misisipi, Misuri, Oklahoma, Tennessee, Texas, Utah y Wyoming; sin embargo, ese lenguaje perverso lo que oculta es que, tras un gran trabajo entre las autoridades judiciales, legislativas y la aprobación popular, se incentiva el derecho a la vida, no el supuesto derecho a matar; un derecho a matar que, curiosamente, se está cebando con las comunidades hispanas y afroamericanas. Hasta ahí les llega el antirracismo a los globalistas. Aunque la carga mediática es fortísima, no nos debemos dejar engañar. Al hispano se le intentó inculcar que Trump lo odiaba, pero nada más lejos de la realidad: con Trump, el hispano prosperó hasta los más elevados niveles, y fue Trump el que nombró a Eduardo Verástegui como asesor; un Eduardo Verástegui que está defendiendo valores con su trabajo artístico y que no tiene miedo a expresarlos en política. Y es que a los hispanos no nos va el miedo a lo políticamente correcto

Dicen que las comparaciones son odiosas, y si analizamos la forma de gobernar de Trump frente a la de Biden, más todavía lo afirmamos. El lenguaje perverso de muchos medios de comunicación/manipulación quiso hacer ver que con Trump vendrían todos los desastres a la Tierra, pero lo cierto es que con él Estados Unidos vivió una etapa de paz y prosperidad como casi no recordaba; etapa de paz y prosperidad que se notó especialmente en comunidades como la hispana y la afroamericana, las más afectadas por las políticas abortistas. Y no olvidemos que Trump ha sido el único presidente en asistir a la Marcha Pro Vida de Washington, algo que va más allá de una mera declaración de intenciones y que ha supuesto toda una forma de hacer política truncada por la ineficacia, la corrupción y la nefasta ideología de la Administración Biden, que no sabe qué hacer ante la inflación y la subida del desempleo y que como solución ofrece teoría crítica de la raza, aborto, sustitución de la historia al estilo orwelliano y, en resumen, odio entre americanos.