Armó a Israel, recuperó la economía, pero el idealismo lo definió: el legado del controvertido Shimon Peres, uno de los arquitectos del Estado judío moderno

El pasado 28 de septiembre se cumplieron siete años desde su fallecimiento en 2016. A lo largo de sus casi siete décadas en el servicio público, ocupó todas las posiciones de poder en su país y cosechó amigos y enemigos en cantidades similares.

Israel nació como el Estado judío en 1948, tras la Segunda Guerra Mundial, y durante buena parte de sus primeros años atravesó una difícil situación socioeconómica. Gracias a gobiernos intervencionistas, que mantenían excesivas regulaciones en la economía y tenían la costumbre de gastar mucho más de lo que les ingresaba, el país llegó a tener un 400 % de inflación en 1984.

Este año Israel se convirtió en uno de los países más ricos del mundo, con un PIB per cápita que rivaliza con los de Francia, Alemania y el Reino Unido. Apodado como "el país más innovador de todo el mundo" y la "cuna de las startups", promueve un ambiente muy seductor para que las empresas inviertan dinero y desarrollen allí las tecnologías más avanzadas de todo el mundo.

Por si fuera poco, hoy logra producir alimentos de calidad en medio del desierto, tiene la mejor tasa del mundo en I+D (inversión y desarrollo), al mismo tiempo que dejó a la inflación en el pasado. Todo eso con apenas un poco más de 9 millones de habitantes.

Estos avances en tan poco tiempo fueron posibles debido a un violento golpe de timón que un primer ministro dio en 1984. Ese hombre fue precisamente Shimon Peres. Con casi siete décadas de servicio público, es considerado como uno de los arquitectos del Israel moderno gracias a su papel armando a Israel, en el proyecto nuclear, el enderezamiento económico y posteriormente durante los acuerdos de paz.

Sirvió como ministro de Defensa y Relaciones Exteriores, como primer ministro en dos periodos no consecutivos y luego como presidente.

Su figura generó, genera y generará bastante polémica. Algunos lo encuentran demasiado contradictorio y cuenta la leyenda de que fue más querido fuera de su país que adentro. En el séptimo aniversario de su muerte, repasamos su legado.

"Nunca dejes de ser judío"

Nació como Shimon Perski el 2 de agosto de 1923 en la ciudad de Vishnieva, antes Polonia y hoy Bielorrusia, cuando todavía el estado judío no existía. Su mayor influencia de joven fue su abuelo materno, Zvi Meltzer, quien le inculcó la religión en su vida y le dio un consejo que jamás olvidaría antes de dejar su hogar: "Nunca dejes de ser judío".

En 1934, minutos después de escuchar esas palabras de su abuelo, partió junto a su familia rumbo al mandato británico de Palestina. Unos años después los nazis tomaron Vishnieva, metieron a los judíos dentro de la modesta sinagoga local y prendieron fuego. "Aún escucho su voz cada vez que alguien canta Kol Nindré. Aún siento su espíritu cada vez que enfrento una decisión difícil", recordó en su último libro, Soñar sin Límites.

Shimon Peres
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Ya en Tel Aviv, fue parte de un movimiento juvenil que no tardó en marcar su camino. Uno de los líderes le recomendó que fuera a la aldea juvenil Ben Shemen, un centro intelectual del sionismo donde los jóvenes aprendían oficios, como trabajar en comunidad y, por supuesto, tácticas de defensa. Allí, lo enviaron a una cabaña de madera que compartía con otros muchachos. De día se formaba y de noche montaba guardia, dado que los árabes tenían la molesta costumbre de dispararle a la aldea e intentar robar sus recursos.

Su elocuente oratoria y capacidad de liderazgo le permitieron sobresalir y que lo eligieran como delegado para la convención nacional, a la que viajó junto a su ídolo, David Ben-Gurion —quien también resultaba ser una de las figuras más importantes del sionismo y luego lo apadrinaría en la política israelí. Una vez que llegó al Gobierno, mantuvo diferentes posiciones relacionadas con la defensa y las relaciones internacionales.

Ascenso en la política israelí 

En concreto, fue Ben-Gurion quien convocó a Peres en 1947 para conseguir todas las balas y el armamento que pudiera, dado que olfateaba una guerra una vez que se declarara la independencia del Estado Judío.

Su trabajo lo volvió muy cercano a su ídolo, provocando incluso que políticos de mayor edad lo mirasen con recelo por la confianza que el ahora primer ministro de Israel depositaba en un muchacho. "No miente, no habla mal de otra gente y, cuando llama a mi puerta, suele traer una idea nueva", respondió una vez Ben-Gurion sobre Peres.

Continuó incrementando el armamento judío, lo que lo llevó a recorrer el mundo, a veces tomando riesgos. Por ejemplo, una vez estaba en Colombia probando un avión que pensaba comprar, cuando el motor izquierdo se incendió en pleno vuelo. "¿Cuáles son nuestras opciones?", le dijo al piloto, quien respondió que podían aterrizar de emergencia en la selva o seguir volando hasta Cartagena esperando que el avión no explote. "Elijo la segunda opción", le respondió Peres.

Sueños nucleares

Convencido de que Israel debía ingresar en la carrera nuclear para disuadir a sus enemigos, que no eran pocos, empezó a gestionar la llegada de un reactor nuclear. Con las palabras de Thomas Hobbes muy presentes, se convenció de que "la reputación nuclear es disuasión y la disuasión es el primer paso hacia la paz".

Haciendo oídos sordos a las críticas dentro del propio gobierno israelí, negoció con los franceses para lograr su objetivo. Convenció a Maurice Bourgès-Maunoury, primer ministro francés, de que aprobara el envío del reactor. Sin embargo, antes de que pudieran ponerlo en papel, la oposición francesa lo destituyó de su cargo mediante una moción de censura. 

La desazón era total. Peres fue a su despacho por la mañana para consolar a su amigo, quien no tenía la menor intención de incumplir su acuerdo.

Shimon Peres- David Ben-Gurion
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"Cogió un trozo de papel de una mesa que ya no era suya y escribió una carta al presidente de la Comisión de Energía. En ella le explicaba que el Gobierno Francés había aprobado el acuerdo y que el presidente tendría que ofrecer la cooperación necesaria para llevarlo a cabo. Lo firmó como 'primer ministro de Francia'. En la parte superior de la hoja escribió la fecha del día anterior", recordó Peres en su último libro.

Así fue como nació el Proyecto Dimona, el cual quizás aumentó el enojo de los enemigos de Israel, pero, en sus propias palabras, "les hacía desconfiar de su capacidad de vencernos". En efecto, durante la Guerra de Yom Kippur de 1973, Egipto y Siria podrían haber avanzado sobre las ciudades, "pero ninguno de los dos países se atrevió a atacar el corazón de Israel, aunque tenían la capacidad para hacerlo. (...) La fuerza nuclear disuasiva también daba una posibilidad a la paz", pensó Peres.

El improbable éxito de la Operación Entebbe

En junio de 1976, un grupo de terroristas que pertenecían al Frente Popular para la Liberación Palestina secuestró un avión con 250 pasajeros. Como ministro de Defensa, participó activamente para buscar una solución. Como de costumbre, su postura, la de no negociar con terroristas, no halló eco. 

El Gobierno era bastante hostil a su postura de no negociar con los terroristas, que a esa altura pedían la liberación de varios colegas que se encontraban presos. 

"Si cedemos ante las exigencias de los secuestradores", dijo en una de las turbulentas reuniones de gabinete, "todo el mundo nos comprenderá pero no nos respetará".

Decidido a encontrar una solución que protegiera también a los "pasajeros del futuro", presidió el Comité Fantasioso, un grupo de funcionarios que quería encontrar una solución alternativa, y le dieron forma a la Operación Entebbe, la cual constaba en invadir Uganda (donde habían aterrizado captores), tomar el aeropuerto, vencer a los terroristas y rescatar a todos los rehenes en avión.

Unas cuantas horas de debate con el primer ministro, Yitzhak Rabin, fueron suficientes para convencerlo de autorizar la operación. Su éxito la llevó a ser un caso de estudio en todo el mundo y a consagrar a Israel como "un país valiente y astuto, que no se rendía a los terroristas y que estaba comprometido con los valores universales".

La reinvención económica de Israel

Ya como primer ministro, Peres tuvo que afrontar una difícil situación económica, con una inflación del 400 %. ¿Cómo hizo para dejarla atrás? Reunió una nutrida mesa económica que lo llevó a dejar atrás la idea del Estado de bienestar.

Controló los gastos del gobierno, privatizó empresas públicas deficitarias, congeló los salarios de los empleados estatales y frenó la emisión monetaria.

Aderezó estas medidas firmando la independencia del Banco Central, para asegurarse de que otros políticos no vuelvan atrás. Como resultado, el déficit público pasó de 15,3 % en 1984 a un 2,7 % de superávit en 1986. Además, la moneda local se apreció frente al dólar, logrando que para 2002 los depósitos en shekels representen el 38 %, cuando al asumir su cargo ese número era el 3 %.

Los acuerdos de Oslo

Quizás una de las fotos más famosas en el mundo geopolítico tiene como protagonistas a Bill Clinton, Yitzhak Rabin y Yasir Arafat, presidente de la OLP, firmando los Acuerdos de Oslo. Allí establecieron un reconocimiento mutuo, acordaron la devolución de tierras. Se empedraba el camino hacia la paz.

Peres fue parte fundamental en las negociaciones secretas que tuvieron lugar en Noruega. Cuenta la leyenda de que incluso negoció la mayor parte del acuerdo a espaldas de Rabin, a quien no le hizo mucha gracia tener que estrechar la mano de Arafat, responsable de unos cuantos actos terroristas. 

¿Ingenuo o idealista?

En cuanto a los acuerdos, son varios los expertos que dudan sobre su eficacia y algunos afirman que son el origen de la situación actual. 

Muchos acusaron a Peres de ser una figura contradictoria e incluso ingenua, dado que primero fue el encargado de armar a Israel y luego defendió a capa y espada el discurso pacifista.

Esas idas y vueltas lo llevaron a cosechar muchos enemigos a lo largo de su trayectoria, en parte por esa búsqueda constante de paz con los palestinos, aún cuando continuaban perpetrando actos terroristas. 

El optimismo y la ingenuidad no son lo mismo. Que yo sea optimista no quiere decir que espere que una paz surja del amor. Espero, simplemente, una paz que surja de la necesidad. No me imagino una paz perfecta, pero sí creo que podemos encontrar una paz que nos permita vivir uno al lado del otro sin la amenaza de la violencia”, confesó en Soñar sin Límites. 

Shimon Peres- Benjamin Netanyahu
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Su relación con Benjamin Netanyahu

Se enfrentaron en las elecciones de 1996, donde Netanyahu logró derrotar al veterano y convertirse en el primer ministro más joven en la historia del país. 

A pesar de su rivalidad electoral, ambos trabajaron juntos en el futuro y cultivaron una relación de respeto. Por ejemplo, si bien durante el día se enfrentaba ferozmente en la Knesset, Netanyahu lo invitaba por las noches a su residencia en Jerusalén para consultarle sobre el trabajo del primer ministro: lidiar con Arafat, el sistema de defensa y la estratégica geopolítica. 

En efecto, después del fallecimiento de Peres, el todavía primer ministro tuvo palabras muy afectuosas para quien una vez fuera su rival político y consejero. 

Pocas personas han contribuido tanto a nuestro pueblo y a nuestro estado. Conocí a Shimon hace 40 años junto a la tumba de mi hermano Yoni, que cayó cuando llevaba a sus hombres al rescate de nuestros rehenes en Entebbe en Uganda. Nunca olvidaré el calor que Shimon nos mostró a mí, mi hermano y mis padres en esos momentos de intenso dolor. (...) Su nombre será grabado para siempre en la historia del renacimiento del pueblo judío, como uno de nuestros grandes líderes, como uno de los padres fundadores del Estado de Israel”, expresó, para luego recordar que ese era el primer día del Estado Judío sin Shimon Peres.

El idealista que nunca dejó de soñar

Peres falleció el 28 de septiembre de 2016, apenas días después de hablar con emprendedores tecnológicos de todo el mundo. Según confesó en los últimos párrafos de su último escrito, intentó utilizar su tiempo en la tierra para “generar un impacto positivo”.

Siempre inquieto, popularizó la frase que dicta que “estar al día no es suficiente”, por lo que hay que “estar al mañana”.

"No tengo paciencia para sentarme a mirar. Quiero participar en la marcha hacia el futuro. No me gusta sentarme en mi silla y esperar 10 años hasta que llegue algo nuevo. Prefiero correr, moverme, pensar, sorprenderme. Sé siempre optimista, pero nunca estés satisfecho. Adelante, sueña", afirmó en los momentos finales de un documental sobre su vida realizado por Netflix.

Cuando le preguntaron de qué se arrepentía en su vida, Peres se detuvo por un momento y respondió con su usual tono calmado: "Simplemente de no haber soñado más".